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E5 Fuentes de Partículas

Tópico

Todo lo descrito hasta aquí —la aceleración por radiofrecuencia, el guiado magnético, la óptica y el agrupamiento— actúa sobre partículas que primero debe producir una fuente. Para electrones, la fuente más común arranca electrones de la superficie de un material calentándolo, o mediante un pulso de luz láser incidiendo sobre una superficie fotoemisiva, esta última capaz de producir paquetes extremadamente cortos y bien sincronizados con el resto de la máquina. Para protones, la fuente típica ioniza gas de hidrógeno mediante una descarga eléctrica o un plasma de microondas, extrayendo los núcleos resultantes con un campo eléctrico. Para iones más pesados, fuentes de plasma más sofisticadas despojan a los átomos de varios de sus electrones para obtener partículas de carga eléctrica más alta, lo cual resulta ventajoso porque una partícula de mayor carga gana más energía en cada etapa de aceleración descrita en el primer módulo de este catálogo. Independientemente del tipo de partícula, la fuente determina propiedades que se propagan a lo largo de toda la cadena de aceleración posterior: la corriente inicial disponible, la emitancia inicial del haz y la estructura temporal inicial de los paquetes; ninguna etapa posterior puede mejorar la calidad del haz más allá de lo que la fuente entregó al principio, de modo que una limitación en el diseño de la fuente se propaga como limitación en toda la máquina. Por eso este módulo, que abre señalando que todo lo anterior necesita partículas para actuar sobre ellas, cierra estableciendo que la calidad de esas partículas, fijada desde el origen, es el techo que ninguna etapa posterior puede superar.

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