E5 Luz Natural e Iluminación
Tópico
La cantidad de luz que recibe una superficie —la iluminancia— depende de cuánto flujo luminoso le llega repartido sobre su área, y ese flujo cae cuanto más se aleja la fuente y cuanto más oblicuo es el ángulo con que la luz incide sobre la superficie, un comportamiento análogo al de otras magnitudes físicas que decaen con la distancia y con el ángulo de incidencia.
Para juzgar si un espacio aprovecha bien la luz natural, se compara esta misma iluminancia interior con la iluminancia exterior disponible bajo un cielo cubierto de referencia, obteniendo el factor de luz de día: cuanto más alto es este factor, más se puede prescindir de iluminación artificial durante el día, y cuanto más bajo, más depende el espacio de ella incluso de día. La cantidad de radiación solar que alimenta esa iluminancia exterior depende, a su vez, de la altura del sol sobre el horizonte, que cambia con la hora del día, la estación del año y la latitud del lugar.
Además de cuánta luz llega, importa cómo se ve lo que esa luz ilumina: el índice de reproducción cromática de una fuente resume, promediando su comportamiento frente a una serie de colores de referencia, qué tan fielmente esa fuente reproduce los colores reales de los objetos. Los estándares de iluminación combinan ambos criterios —cantidad y calidad de la luz— fijando niveles mínimos recomendados de iluminancia según el uso del espacio, más exigentes en oficinas y aulas que en zonas de paso.
Por eso este módulo, que abre con una iluminancia que decae con la distancia y el ángulo, cierra mostrando que diseñar con luz natural no es solo maximizar cuánta luz entra, sino equilibrar esa cantidad con la calidad de reproducción cromática y con los niveles mínimos que cada uso del espacio realmente necesita.
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