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E3 Humedad, Vapor y Condensación

Tópico

El aire contiene siempre cierta cantidad de vapor de agua, y la humedad relativa expresa qué tan cerca está esa cantidad del máximo que el aire puede sostener a esa temperatura antes de saturarse. Cuando existe una diferencia de humedad entre el interior y el exterior de un edificio, esa diferencia empuja al vapor de agua a migrar desde el ambiente más húmedo hacia el más seco, atravesando los materiales de construcción a una velocidad que depende de cuánto se opone cada material a esa difusión: algunos apenas la frenan, otros actúan casi como barreras.

El problema aparece cuando ese vapor, en su recorrido a través de un muro o una cubierta, llega a una zona cuya temperatura cayó por debajo del punto de rocío: ahí el vapor se condensa dentro del propio cerramiento en vez de en una superficie visible, y esta condensación intersticial humedece el aislante y daña los materiales sin que nadie lo note hasta que el deterioro ya está avanzado. El método de Glaser es la herramienta que anticipa este problema antes de que ocurra: compara, capa a capa del mismo cerramiento que ya describió el modelo de transferencia de calor, la temperatura y la presión de vapor esperadas para verificar si el vapor llegará a condensar en algún punto de su recorrido.

La solución habitual actúa sobre la causa, no sobre el síntoma: colocar una barrera de vapor —un material prácticamente impermeable al vapor— en el lado cálido del aislante impide que el vapor avance hacia la zona fría del cerramiento donde correría riesgo de condensar, cortando la migración antes de que llegue a la zona peligrosa.

Por eso este módulo, que abre con un vapor que migra del ambiente húmedo al seco, cierra mostrando que ese mismo movimiento, invisible mientras ocurre dentro de un muro, es el que decide si un aislante dura décadas o se arruina en pocos años sin que nadie lo perciba hasta que ya es tarde.

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