E2 Transferencia de Calor en Edificios
Tópico
El calor se mueve por un edificio siempre por los mismos tres caminos actuando en conjunto: conducción a través de los materiales sólidos, que es más rápida cuanto más conductor es el material; convección en las superficies en contacto con el aire, que se intensifica cuanto más se mueve ese aire; y radiación infrarroja entre superficies, que crece muy rápido con la temperatura absoluta de la superficie emisora y depende de cuán buena emisora de calor sea esa superficie.
Estos tres caminos se combinan en un solo parámetro que resume la capacidad de un cerramiento de dejar pasar el calor: cada capa de un muro opone su propia resistencia al paso del calor, y esas resistencias se suman igual que resistencias en serie, de modo que cuanto mayor es la resistencia total acumulada, menor es la pérdida de calor para una misma diferencia de temperatura entre interior y exterior. Esto hace que añadir una sola capa de buen aislante a un muro reduzca drásticamente su pérdida térmica, incluso si el muro de base ya era grueso: lo que importa no es el espesor total sino la resistencia que efectivamente se suma.
Además de esta capacidad de dejar pasar calor en régimen permanente, la masa y el calor específico de los materiales de un edificio le dan una inercia térmica propia: el edificio tarda un tiempo característico en responder a los cambios de temperatura exterior, y esa demora es la que amortigua los picos de calor o de frío del día en vez de trasladarlos de inmediato al interior.
Por eso este módulo, que abre con tres caminos físicos de transferencia de calor, cierra mostrando que ninguno de los dos parámetros que resultan de ellos basta por sí solo: es la combinación de la resistencia térmica que decide cuánto calor se pierde y de la inercia térmica que decide cuándo se pierde la que define, en conjunto, si una envolvente es energéticamente eficiente.
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