A3 Silencio pluralista
Tópico
El silencio pluralista es una tercera anomalía del carril de difusión y contagio social, y opera en la dirección contraria a la cascada de desinformación viral y al pánico informativo: mientras esas dos anomalías describen algo que se propaga demasiado rápido por la red, el silencio pluralista describe algo que no se expresa, aunque casi todos lo sostengan en privado. El resultado es una población entera creyendo ser minoría cuando en realidad es mayoría, o creyendo ser mayoría cuando en realidad es minoría.
La variable que gatilla esta anomalía es la brecha entre la opinión expresada públicamente y la opinión privada real, sostenida por el miedo a la sanción social: mientras esa brecha es pequeña, la opinión expresada en público refleja razonablemente lo que la mayoría piensa en privado; cuando la brecha se sostiene porque expresar la opinión privada real conlleva un costo social percibido, cada persona ajusta su expresión pública a lo que cree que el resto espera, sin saber que el resto está haciendo exactamente lo mismo, y la red entera converge en una opinión pública que no representa a nadie en particular.
Esta misma brecha entre lo expresado y lo sostenido en privado es, en su lógica de fondo, el mecanismo detrás de la brecha de legitimidad que otro módulo de Modelo Kyon ya identificaba como parte de la ruptura de legitimidad de un régimen: un régimen puede sostenerse durante mucho tiempo con un apoyo público que parece sólido precisamente porque el silencio pluralista mantiene oculta la magnitud real del desacuerdo privado, hasta que algo —una señal pública de que expresar el desacuerdo ya no conlleva la misma sanción social— rompe el silencio de forma simultánea para muchos a la vez.
A diferencia de la cascada de desinformación viral y el pánico informativo, que se resuelven cuando la corrección alcanza a la propagación o cuando la ambigüedad de la señal se aclara, el silencio pluralista puede sostenerse indefinidamente sin ningún evento externo que lo dispare, porque el miedo a la sanción social que lo sostiene no depende de que circule contenido falso ni de que una señal sea ambigua: depende, únicamente, de que cada persona siga creyendo que su opinión privada es minoritaria.
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