A2 Parálisis por análisis
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La parálisis por análisis es la segunda anomalía de este carril, y es, en cierto sentido, el fallo opuesto al pensamiento de grupo: mientras aquella anomalía surge de una disidencia expresada que cae a cero demasiado rápido, la parálisis por análisis surge de un desacuerdo que nunca cae, porque el grupo no dispone de ningún mecanismo de cierre capaz de convertir ese desacuerdo en una decisión.
La variable que gatilla esta anomalía es el tiempo de deliberación superando el plazo útil de la decisión sin que el grupo logre converger: mientras el grupo sigue deliberando dentro del plazo en el que la decisión todavía sirve, el desacuerdo puede ser una señal saludable de que la incertidumbre real se está debatiendo a fondo; cuando el tiempo de deliberación supera ese plazo útil sin que el desacuerdo se resuelva, la indecisión colectiva termina teniendo el mismo efecto práctico que una mala decisión, porque la ventana para decidir se cierra sin que el grupo haya decidido nada.
El pensamiento de grupo y la parálisis por análisis son, así, los dos extremos de una misma dimensión de calidad deliberativa: uno converge demasiado rápido, sacrificando la disidencia que la incertidumbre real ameritaba; el otro no converge nunca, sacrificando la decisión misma al desacuerdo que la incertidumbre real ameritaba. Entre ambos extremos se encuentra la sabiduría de las masas, el punto en el que la deliberación colectiva agrega la disidencia real sin perderla por groupthink y, al mismo tiempo, dispone de un mecanismo de cierre capaz de convertir esa disidencia en una decisión dentro del plazo útil.
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