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D1 Correlación ascenso, agencia y concentración

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El punto de partida de este carril es la autoridad legal-racional: a diferencia de la autoridad carismática o tradicional, que emerge de la centralidad de red, el carisma percibido o la credibilidad acumulada de una persona, la autoridad legal-racional reside en un cargo y no en la persona que lo ocupa. Una regla formal —un nombramiento, un contrato, un organigrama— es la que otorga esa autoridad al cargo, y que resida en el cargo y no en su titular hace que la autoridad legal-racional sobreviva al cambio de titular, aunque la persona que ocupaba el cargo sea reemplazada por otra.

Que la pertenencia a una comunidad organizada alrededor de estos cargos sea condición de un contrato, y no una elección de asociarse libremente, hace que la autoridad legal-racional que reside en un cargo particular se extienda a comunidades enteras construidas sobre el mismo principio: empresas, ejércitos, burocracias estatales, iglesias como institución.

Que los costos de transacción de coordinar caso a caso, en red o en mercado, superen a los costos de coordinar por autoridad dentro de una jerarquía de cargos, hace que aparezca la organización formal: es la razón, según el argumento de Ronald Coase, por la que existen estas comunidades en vez de que toda la coordinación ocurra por negociación libre.

Sobre esa jerarquía de cargos se pueden observar, a la vez, tres indicadores que la miden desde ángulos distintos. La correlación desempeño-ascenso mide si el mecanismo de nombramiento de esa jerarquía premia lo que dice premiar. El índice de alineación principal-agente mide si quien ocupa el cargo actúa en función de quien lo asignó. Y la concentración del control efectivo de la organización mide cuánto se aleja la estructura real de decisiones del organigrama formal. Que estos tres indicadores midan, cada uno, un ángulo distinto del mismo espacio de autoridad formal hace que, leídos juntos, sea posible distinguir una jerarquía funcional de una que solo lo es en el papel.

La correlación desempeño-ascenso mide si el desempeño de quien ocupa un cargo anterior predice su desempeño en el cargo actual, una vez producido el ascenso entre ambos. Que esa correlación caiga a cero o se vuelva negativa hace que funcione como la señal directa del ascenso hasta el nivel de incompetencia que describe el Principio de Peter.

El índice de alineación principal-agente mide la brecha entre los incentivos declarados del principal —quien asigna el cargo— y los resultados efectivamente observados en las acciones de quien lo ocupa, el agente. Que esa brecha se amplíe de forma sostenida, sin ser corregida por los mecanismos de supervisión o incentivos disponibles, hace que funcione como la señal del problema principal-agente.

La concentración del control efectivo de la organización mide qué fracción de las decisiones reales de esa jerarquía queda en manos de una minoría permanente instalada en su cúpula, más allá de lo que indican las reglas formales de rotación o elección. Que esa fracción aumente de forma sostenida, incluso en organizaciones que se originaron democráticamente, hace que funcione como la medición directa de la oligarquización interna.

Por eso este conjunto de tres indicadores sirve, dentro de la autoridad legal-racional con la que se abrió este carril, para diagnosticar si una jerarquía de cargos otorgados por regla formal funciona tal como esas reglas indican, o si en cambio esconde alguna de las tres anomalías que distinguen entre sí: un ascenso que dejó de premiar el desempeño real, una divergencia entre principal y agente que la supervisión ya no corrige, o un control efectivo concentrado en una minoría permanente que las reglas de rotación o elección ya no logran desplazar.

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