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A3 Oligarquización interna

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El punto de partida de este carril es la autoridad legal-racional: a diferencia de la autoridad carismática o tradicional, que emerge de la centralidad de red, el carisma percibido o la credibilidad acumulada de una persona, la autoridad legal-racional reside en un cargo y no en la persona que lo ocupa. Una regla formal —un nombramiento, un contrato, un organigrama— es la que otorga esa autoridad al cargo, y que resida en el cargo y no en su titular hace que la autoridad legal-racional sobreviva al cambio de titular, aunque la persona que ocupaba el cargo sea reemplazada por otra.

Que la pertenencia a una comunidad organizada alrededor de estos cargos sea condición de un contrato, y no una elección de asociarse libremente, hace que la autoridad legal-racional que reside en un cargo particular se extienda a comunidades enteras construidas sobre el mismo principio: empresas, ejércitos, burocracias estatales, iglesias como institución.

Que los costos de transacción de coordinar caso a caso, en red o en mercado, superen a los costos de coordinar por autoridad dentro de una jerarquía de cargos, hace que aparezca la organización formal: es la razón, según el argumento de Ronald Coase, por la que existen estas comunidades en vez de que toda la coordinación ocurra por negociación libre.

Dentro de esa jerarquía de cargos existen, además, reglas formales de rotación o elección que en principio deberían mantener el control efectivo de la organización repartido conforme a esas mismas reglas, renovándose junto con los cargos que rotan o se eligen. Que el control efectivo de la organización se concentre de forma creciente en una minoría permanente dentro de esa jerarquía formal, sin correspondencia con esas reglas formales de rotación o elección, hace que ocurra la oligarquización interna: la «ley de hierro» que describió Robert Michels, la cual opera incluso dentro de organizaciones que se originaron democráticamente, con reglas de rotación o elección ya vigentes desde el comienzo.

Por eso la oligarquización interna sirve, dentro de la autoridad legal-racional con la que se abrió este carril, para señalar que la misma regla formal que reparte un cargo entre titulares sucesivos —por rotación o por elección— no garantiza, por sí sola, que el control efectivo de la organización se reparta junto con esos cargos, y esto hace que ese control pueda terminar concentrado, de forma creciente y permanente, en una minoría que las reglas formales de rotación o elección ya no logran desplazar.

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