M2 Decisión transaccional vs decisión relacional/expresiva
Tópico
El punto de partida sigue siendo la persona, representada como un actor individual generalizado que resuelve mediante una función de decisión de costo-beneficio sobre cualquier conjunto de elección que el contexto le presente: qué consumir, cuánto trabajar, cuánto ahorrar, si migrar, si tener hijos, si confiar, si votar, si casarse, si sumarse a una acción colectiva. Esa función de decisión de costo-beneficio se apoya en un vector de características propio de la persona y una restricción de recursos hace que la persona solo pueda elegir dentro de un conjunto acotado de esas opciones.
Que esta función de decisión de costo-beneficio no se limite siempre al término instrumental privado hace que, según el conjunto de elección que enfrenta la persona, incorpore también un término expresivo, un término interdependiente o un término de valor de opción, sin dejar en ningún caso de ser un cálculo de costo-beneficio.
Cualquiera de tres condiciones hace que el peso de esta función de decisión se desplace desde el término instrumental privado hacia el término correspondiente: una baja pivotalidad de la persona —una probabilidad casi nula de que su decisión individual determine el resultado— desplaza el peso hacia el término expresivo; una alta interdependencia con otro agente que también optimiza —como ocurre dentro de una relación, por ejemplo al casarse— lo desplaza hacia el término interdependiente; y un alto costo de reversión —como el de un compromiso de largo plazo— lo desplaza hacia el término de valor de opción. Que el peso permanezca concentrado en el término instrumental privado hace que la decisión de la persona sea transaccional; que se desplace hacia cualquiera de esos otros tres términos hace que la misma decisión pase a ser relacional o expresiva.
El caso canónico de este desplazamiento es el voto político: ahí la pivotalidad de la persona es casi nula, y que sea casi nula hace que el término instrumental privado quede vacío, sin aportar ya una razón suficiente para votar. Eso hace, a su vez, que el comportamiento de la persona pase a explicarse por el término expresivo: el deber cívico y la identidad que la persona expresa al votar, en el sentido que desarrollaron Brennan y Lomasky.
Por eso distinguir la decisión transaccional de la decisión relacional o expresiva sirve, para cualquier decisión que tome la persona —consumir, trabajar, ahorrar, migrar, tener hijos, confiar, votar, casarse, sumarse a una acción colectiva—, para reconocer cuándo su comportamiento se explica por el término instrumental privado y cuándo, aunque ese término quede casi vacío como en el voto político, el comportamiento de la persona sigue teniendo una explicación válida dentro del mismo cálculo de costo-beneficio, a través del término expresivo, el término interdependiente o el término de valor de opción.
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