D1 Dispersión, brecha, peso social y régimen
Tópico
El punto de partida sigue siendo la persona, representada como un actor individual generalizado que resuelve mediante una función de decisión de costo-beneficio sobre cualquier conjunto de elección que el contexto le presente: qué consumir, cuánto trabajar, cuánto ahorrar, si migrar, si tener hijos, si confiar en alguien, si sumarse a una acción colectiva. Esa función de decisión de costo-beneficio se apoya en un vector de características propio de la persona —sus preferencias, sus recursos disponibles, su identidad, su tolerancia al riesgo— y una restricción de recursos hace que la persona solo pueda elegir dentro de un conjunto acotado de esas opciones. Esta persona no es, por sí sola, un carril de comportamiento poblacional: es la unidad que, repetida y agregada muchas veces bajo un mismo contexto, produce el comportamiento poblacional que miden los seis carriles de comportamiento colectivo del nivel agregado.
Sobre ese mismo espacio de decisión de la persona se pueden observar, a la vez, tres indicadores que lo miden desde ángulos distintos. La dispersión del vector de características describe qué tan heterogénea es la población de personas antes de que cualquiera de ellas decida nada. La brecha entre el beneficio neto privado esperado y la decisión tomada mide cuánto se aparta la decisión efectiva de la persona de lo que su función de decisión de costo-beneficio privada, por sí sola, predeciría. Y el peso relativo del término social mide directamente cuánto de esa brecha se explica por el contexto en el que decide la persona, en vez de por la persona misma. Leídos juntos, estos tres indicadores hacen que sea posible distinguir si el comportamiento de un carril de comportamiento colectivo se explica por personas heterogéneas decidiendo cada una en aislado, o por personas ya homogéneas coordinadas por el mismo umbral compartido.
La dispersión del vector de características en la población mide qué tan heterogéneas son las personas en sus preferencias, sus recursos, su identidad y su tolerancia al riesgo. Su reducción sostenida hacia la homogeneidad es la condición previa que hace que sea más fácil que muchas personas terminen coordinadas por el mismo umbral compartido: es decir, que la distorsión por influencia grupal se propague sobre una población entera en vez de quedar aislada en unas pocas personas.
La brecha entre el beneficio neto privado esperado y la decisión tomada mide, para cada persona, cuánto se aparta su decisión efectiva de la que predeciría su función de decisión de costo-beneficio privada por sí sola. Cuando esa brecha aparece de forma súbita y localizada en una persona o un subgrupo puntual, esa aparición hace que funcione como la señal de la distorsión individual aislada. Cuando, en cambio, la misma brecha aparece de forma generalizada y simultánea sobre gran parte de la población, esa aparición hace que funcione, en cambio, como la señal de la distorsión por influencia grupal.
El peso relativo del término social en la función de decisión agregada de la población es estimable, entre otras formas, ajustando sobre las decisiones observadas un modelo estadístico que calcula la probabilidad de que las personas elijan entre las alternativas disponibles. Cuando ese peso cruza por encima del peso del término de costo-beneficio privado, ese cruce hace que la decisión de la persona pase al régimen de decisión socialmente embebida, y marca el punto exacto en el que la población deja de operar como una suma de personas independientes y empieza a producir el comportamiento poblacional que miden los seis carriles de comportamiento colectivo.
Por eso este conjunto de tres indicadores sirve, en definitiva, para diagnosticar a distancia, sin observar la decisión de cada persona una por una, qué explica el comportamiento de un carril de comportamiento colectivo dado: si es una población de personas dispersa en sus características y decidiendo cada una por su cuenta —consumir, trabajar, ahorrar, migrar, tener hijos, confiar, sumarse a una acción colectiva—, o si es esa misma población ya homogénea y coordinada, persona por persona, por el mismo cruce de umbral entre el término de costo-beneficio privado y el término de contexto social.
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