A3 Aplicación errónea del cálculo transaccional
Tópico
El punto de partida sigue siendo la persona, representada como un actor individual generalizado que resuelve mediante una función de decisión de costo-beneficio sobre cualquier conjunto de elección que el contexto le presente: qué consumir, cuánto trabajar, cuánto ahorrar, si migrar, si tener hijos, si confiar, si votar, si casarse, si sumarse a una acción colectiva. Esa función de decisión de costo-beneficio se apoya en un vector de características propio de la persona y una restricción de recursos hace que la persona solo pueda elegir dentro de un conjunto acotado de esas opciones.
Que la función de decisión de costo-beneficio no se limite siempre a un cálculo puramente instrumental hace que, según el tipo de conjunto de elección que enfrenta la persona, esa misma función incorpore, además del término instrumental puro —el producto entre la probabilidad de que la decisión de la persona sea la que efectivamente decide el resultado y el beneficio que ese resultado le reporta—, un término expresivo, un ajuste por interdependencia o un valor de opción de esperar, sin dejar en ningún caso de ser un cálculo de costo-beneficio.
Que la probabilidad de que la persona sea la que efectivamente decide el resultado —su pivotalidad— sea baja, es decir, que la decisión de la persona no cambie el resultado por sí sola, como ocurre al votar, hace que la función de decisión de costo-beneficio incorpore un término expresivo junto al término instrumental puro.
Que la decisión de la persona dependa también de lo que decida, en paralelo, otro agente —una situación de alta interdependencia estratégica, como ocurre dentro de una relación, por ejemplo al casarse— hace que esa misma función de decisión incorpore un ajuste por interdependencia junto al término instrumental puro.
Que la decisión de la persona sea cara de deshacer una vez tomada —un contexto de alto costo de reversión, como un compromiso de largo plazo— hace que la función de decisión incorpore un valor de opción de esperar junto al término instrumental puro.
Que la persona, estando en un contexto de baja pivotalidad, de alta interdependencia estratégica o de alto costo de reversión, siga basando su decisión únicamente en el término instrumental puro —sin incorporar el término expresivo, el ajuste por interdependencia o el valor de opción de esperar que ese contexto exige— hace que ocurra la aplicación errónea del cálculo transaccional.
Que esta aplicación errónea del cálculo transaccional ocurra específicamente en un contexto de baja pivotalidad, sin el término expresivo que ese contexto exige, hace que aparezca la paradoja del voto de Downs: el término instrumental puro, por sí solo, predice una probabilidad de ser decisivo tan baja que no justifica votar, sin que ese cálculo incompleto explique por qué la persona vota de todos modos.
Que esta misma aplicación errónea del cálculo transaccional ocurra, en cambio, en un contexto de alto costo de reversión, sin el valor de opción de esperar que ese contexto exige, hace que la persona incurra en un compromiso prematuro dentro de una decisión irreversible, adoptándola antes de lo que le convendría si hubiera sopesado el valor de esperar.
Por eso distinguir estos tres contextos —baja pivotalidad, alta interdependencia estratégica, alto costo de reversión— sirve, para cualquier decisión que tome la persona —consumir, trabajar, ahorrar, migrar, tener hijos, confiar, votar, casarse, sumarse a una acción colectiva—, para identificar cuándo el término instrumental puro por sí solo es una base suficiente para esa decisión y cuándo, en cambio, dejarlo actuar sin el término expresivo, el ajuste por interdependencia o el valor de opción de esperar que el contexto exige constituye la aplicación errónea del cálculo transaccional, con consecuencias que van desde la paradoja del voto de Downs hasta el compromiso prematuro en decisiones irreversibles.
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