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D1 Producción y capacidad instalada

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La brecha entre la capacidad instalada y la demanda efectiva, la misma brecha entre capacidad y demanda que ya gatilla el paso de un modo a otro dentro de Producción, es el eje que organiza a los cuatro indicadores de este bloque. Cuando la utilización de la capacidad instalada se acerca al máximo, esa brecha empuja al carril de Producción hacia la expansión; cuando la utilización de la capacidad instalada se aleja del máximo, la misma brecha lo empuja hacia la contracción; y cuando la demanda efectiva cae de forma sostenida mientras la producción sigue su curso, los inventarios se acumulan como síntoma directo de esa brecha entre capacidad y demanda.

El índice de producción industrial mide el volumen físico de bienes producidos en un período. Su caída sostenida, junto con inventarios crecientes, anticipa la fase de sobrecapacidad estructural: cuando el índice de producción industrial cae mientras los inventarios siguen acumulándose, la brecha entre capacidad instalada y demanda efectiva ya se está ampliando.

La utilización de capacidad instalada mide qué fracción de la capacidad productiva está efectivamente en uso, y es la misma variable que ya organiza a los cuatro indicadores de este bloque: su acercamiento sostenido al máximo es la variable gatillo directa que empuja al carril de Producción hacia la fase de expansión, y su caída sostenida es la que lo empuja hacia la contracción.

El nivel de inventarios mide el stock de bienes producidos y no vendidos. Su acumulación sostenida por sobre el nivel normal es la señal más directa de la sobrecapacidad estructural, y su caída a niveles mínimos es en cambio la señal del desabastecimiento: el mismo nivel de inventarios, según hacia qué extremo se mueva, anticipa una u otra de las dos anomalías.

La productividad por trabajador mide el producto generado por unidad de trabajo. Su estancamiento, mientras el capital instalado envejece, es la señal temprana de la obsolescencia tecnológica abrupta: no es que la productividad por trabajador caiga de golpe, sino que deja de crecer justo cuando el capital instalado ya debería estar rindiendo más de lo que rinde.

Los cuatro indicadores permiten, en conjunto, vigilar la misma brecha entre capacidad instalada y demanda efectiva desde ángulos distintos: el índice de producción industrial y el nivel de inventarios anticipan la sobrecapacidad estructural o el desabastecimiento según hacia dónde se mueva esa brecha, la utilización de capacidad instalada gatilla directamente el paso entre expansión y contracción, y la productividad por trabajador, leída junto al envejecimiento del capital instalado, anticipa la obsolescencia tecnológica abrupta.

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