A3 Radicalización política por frustración económica sostenida
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El colapso de movilidad social describe una caída de la tasa de movilidad intergeneracional por debajo de lo esperable para el nivel de desarrollo económico; la radicalización política por frustración económica sostenida describe lo que ocurre cuando esa movilidad realizada, ya deprimida, se compara además con lo que las personas esperaban obtener, y esa comparación se sostiene en el tiempo. No es la movilidad realizada por sí sola la que gatilla esta anomalía, sino la brecha entre lo que se esperaba y lo que efectivamente se obtuvo.
La variable que gatilla esta anomalía es esa brecha entre expectativas de movilidad y movilidad realizada cruzando un umbral crítico de forma sostenida: mientras la brecha se mantiene acotada o es pasajera, la frustración que genera queda contenida dentro del comportamiento económico cotidiano de las personas; cuando la brecha cruza el umbral crítico y se sostiene en el tiempo, esa frustración deja de expresarse solo en el terreno económico y se traslada hacia la actividad política, la otra dimensión del estrato que Comportamiento socioeconómico ya modela junto al nivel socioeconómico y la educación.
Esta anomalía es, así, el punto en el que Comportamiento socioeconómico deja de ser puramente económico y empieza a generar una salida política a una frustración que se originó en la brecha de movilidad: una radicalización de este tipo es, en su lógica de fondo, cercana al agravio no canalizado que en otro módulo de Modelo Kyon ya se describe como parte del disparador compuesto de la violencia armada, aunque aquí el origen específico de la frustración es la brecha entre expectativas y movilidad realizada, no una fuente genérica de agravio. Este acoplamiento con el otro módulo queda, por ahora, señalado de forma informal, sin un puerto formal que lo sostenga.
Una radicalización política sostenida en el tiempo termina, a su vez, retroalimentando el propio colapso de movilidad social del que partió: una población que canaliza su frustración económica hacia la actividad política en vez de hacia la actividad económica que podría revertir la brecha de movilidad corre el riesgo de profundizar, en vez de corregir, la misma caída de movilidad intergeneracional que la originó.
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