M7 Acreción y Chorros en Objetos Compactos
Tópico
El protagonista de este modelo es el disco de acreción: el material que cae en espiral hacia un objeto compacto —un agujero negro, una estrella de neutrones o una protoestrella— antes de caer definitivamente sobre ese objeto central.
A medida que ese material se acerca al objeto central, convierte su propia energía potencial gravitacional en calor y en radiación, y lo hace con más intensidad cuanto más cerca se encuentra del centro, de modo que las regiones internas del disco de acreción son las que terminan brillando con más fuerza que el resto.
Ese flujo de caída no siempre resulta estable: en muchos de estos sistemas se vuelve episódico, produciendo estallidos de brillo en vez de una emisión constante y sostenida en el tiempo.
Existe, además, un techo al ritmo al que el objeto central puede crecer: si la tasa de caída de materia llegara a superar un límite crítico, la presión de radiación que genera esa misma acreción empujaría hacia afuera al material entrante con más fuerza de la que la gravedad es capaz de atraerlo, frenando así a la propia acreción que produjo esa presión de radiación en primer lugar; se cierra de este modo un ciclo sobre la propia acreción, un límite que actúa como un techo que el sistema se impone a sí mismo.
En una fracción de estos sistemas, parte del material que cae no llega a caer del todo, sino que es expulsado en dos chorros opuestos a lo largo del eje de rotación del objeto central, impulsados tanto por los campos magnéticos que atraviesan el disco de acreción como por el propio giro de ese objeto central. Así, desde el material que cae en espiral con el que arranca este documento hasta esos chorros opuestos con los que termina, pasando por el brillo creciente hacia el centro y por el techo autoimpuesto de la acreción, el disco de acreción hace que la caída de materia hacia un objeto compacto nunca sea un proceso simple, sino uno que termina regulándose, e incluso desviándose, a sí mismo.
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