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D12 Instrumentacion Espacial

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Un telescopio situado en el espacio evita por completo la atmósfera terrestre: no sufre el seeing que sí sufre cualquier telescopio en tierra, y puede observar en longitudes de onda —el ultravioleta, el infrarrojo, los rayos X, los rayos gamma— que esa misma atmósfera bloquea casi por completo cuando se observa desde el suelo.

Un telescopio situado lejos de la Tierra y protegido activamente de la luz solar puede alcanzar, además, temperaturas de equilibrio extremadamente bajas, algo esencial porque los detectores de infrarrojo y de longitudes de onda todavía mayores deben mantenerse muy fríos; de lo contrario, el propio brillo térmico de ese detector ahogaría la débil señal astronómica que se busca medir. La corriente de oscuridad de un detector cae, precisamente, de forma muy pronunciada con cada grado adicional de enfriamiento, de modo que un enfriamiento modesto adicional puede suprimir ya gran parte de ese ruido de fondo.

Distintos observatorios espaciales están optimizados para bandas distintas del espectro electromagnético —el visible, el ultravioleta, los rayos X, los rayos gamma—, y cada una de esas bandas exige, a su vez, su propia tecnología de detector y su propia estrategia térmica. Así, desde la atmósfera terrestre evitada con la que arranca este documento hasta esa estrategia térmica particular con la que termina, pasando por las temperaturas de equilibrio extremadamente bajas y por la corriente de oscuridad que cae con el enfriamiento, el telescopio situado en el espacio hace que observar el universo sin las limitaciones del suelo terrestre exija, a cambio, dominar por completo el propio frío del espacio que lo rodea.

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