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D2 Telescopios Opticos

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Los telescopios refractores forman la imagen del objeto observado usando lentes, mientras que los telescopios reflectores forman esa misma imagen usando espejos en su lugar; es precisamente el uso de espejos el que hace que los telescopios reflectores eliminen la aberración cromática que las lentes de los refractores sí sufren, y el que permite, además, construir aperturas mucho más grandes de lo que sería posible con lentes.

Los diseños catadióptricos combinan, por su parte, un corrector refractivo con un espejo, y esa combinación es la que logra campos de visión amplios dentro de instrumentos mucho más compactos que un telescopio reflector puro.

El poder que tiene un telescopio para captar luz crece con el cuadrado del diámetro de su propia apertura, de modo que incluso un telescopio modesto ya llega a captar cientos de veces más luz de la que puede captar el ojo humano desnudo.

Las aberraciones ópticas que puede sufrir un telescopio —la aberración esférica, el coma, el astigmatismo y la curvatura de campo— degradan la calidad de la imagen a medida que uno se aleja del propio eje óptico del instrumento, y es precisamente esa degradación la que termina limitando, en la práctica, el campo de visión útil de ese telescopio.

Los telescopios de próxima generación, construidos a partir de cientos de segmentos de espejo hexagonales en vez de un único espejo monolítico, multiplican por un factor considerable el área colectora que tienen hoy los mayores telescopios en funcionamiento. Así, desde la formación de la imagen con la que arranca este documento hasta esa multiplicación del área colectora con la que termina, pasando por el poder de captar luz ligado al cuadrado de la apertura y por las aberraciones ópticas que limitan el campo de visión, el telescopio óptico hace que ver más lejos y con más detalle dependa, ante todo, de cuánta luz sea capaz de reunir el propio instrumento.

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