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A8 Anomalías en Sistemas Planetarios y Migración Catastrófica

Tópico

El protagonista de este modelo es el planeta cuya órbita se desestabiliza después de haberse formado. Un planeta recién formado puede migrar hacia adentro de su sistema por la interacción que mantiene con el disco de gas y de polvo residual que todavía lo rodea en esa etapa temprana.

Las interacciones gravitacionales entre varios planetas de un mismo sistema pueden, además, ir bombeando la excentricidad de las órbitas de esos planetas hasta que esas órbitas terminan por cruzarse entre sí, y es precisamente ese cruce el que desencadena encuentros cercanos capaces de expulsar a un planeta fuera de su propio sistema o de hacerlo colisionar directamente con otro planeta vecino.

Cuando esa migración acerca demasiado a un planeta hacia su propia estrella, las fuerzas de marea y la radiación estelar que recibe ese planeta pueden superar el umbral que la propia gravedad del planeta y su atmósfera son capaces de resistir, y al superar ese umbral terminan por desgarrar su atmósfera o, en los casos más extremos, incluso al propio planeta.

Los llamados júpiteres calientes —planetas gigantes en órbitas extremadamente cercanas a su estrella, imposibles de explicar como el resultado de haberse formado en ese mismo lugar— son el testimonio observable de que esos planetas atravesaron, en algún momento posterior a su formación, exactamente este tipo de historia dinámica inestable. Así, desde el planeta recién formado con el que arranca este documento hasta esos júpiteres calientes con los que termina, pasando por el bombeo de excentricidad entre planetas vecinos y por el umbral de marea y radiación que un planeta puede llegar a resistir, el planeta cuya órbita se desestabiliza hace que el lugar donde termina un planeta, mucho después de su nacimiento, pueda quedar completamente desconectado del lugar donde ese mismo planeta se formó.

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