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A4 Bruxismo

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El bruxismo es la actividad parafuncional de los músculos masticadores que produce apretamiento y rechinamiento de los dientes sin ningún propósito funcional. A diferencia de la masticación normal, esta actividad parafuncional de los músculos masticadores no cumple una función digestiva ni de comunicación, sino que se ejerce sobre los dientes de forma repetitiva e involuntaria.

Dentro de los músculos masticadores, la actividad electromiográfica que se registra durante los episodios de bruxismo supera el sesenta por ciento de la contracción voluntaria máxima de esos músculos, muy por encima del diez a veinte por ciento de la contracción voluntaria máxima que se registra habitualmente durante la masticación normal. Esta actividad electromiográfica elevada de los músculos masticadores es la que se traduce en las fuerzas anormalmente altas que caracterizan al bruxismo.

Las fuerzas que genera el bruxismo pueden llegar a ser de tres a diez veces superiores a las fuerzas que se generan durante la masticación normal, alcanzando picos de hasta mil quinientos newtons. Estas fuerzas del bruxismo actúan sobre los dientes de dos maneras distintas según se trate de apretamiento o de rechinamiento: el apretamiento las aplica de forma estática, mientras que el rechinamiento las aplica junto con un desplazamiento deslizante de una superficie dental sobre otra.

El rechinamiento, al desplazar una superficie dental deslizando sobre otra, genera sobre el esmalte dental una carga deslizante que lo desgasta de forma abrasiva. El volumen de esmalte dental que se pierde por este desgaste aumenta cuando aumenta la carga deslizante, aumenta también cuando aumenta la distancia recorrida en cada deslizamiento, y disminuye cuando el esmalte dental es más duro y opone más resistencia a ser rayado.

Tanto el apretamiento como el rechinamiento aplican sus fuerzas de manera repetida y cíclica sobre las estructuras que sostienen al diente, y esa carga cíclica repetida es la que produce fatiga ósea en el proceso alveolar y en la articulación temporomandibular. Cuantos más ciclos de carga acumulan el proceso alveolar y la articulación temporomandibular, mayor es la fatiga ósea que se acumula en esas estructuras, incluso cuando cada fuerza individual no bastaría por sí sola para dañarlas.

La combinación del desgaste abrasivo del esmalte dental y de la fatiga ósea acumulada se traduce clínicamente en varias consecuencias del bruxismo: aparecen microfracturas en el esmalte dental debilitado por el desgaste, se concentra tensión por flexión en el cuello cervical del diente hasta producir abfracción en esa zona, y la articulación temporomandibular, ya fatigada por la carga cíclica, queda sobrecargada.

En conjunto, estas consecuencias muestran cómo la misma actividad parafuncional de los músculos masticadores que define al bruxismo termina comprometiendo tanto al esmalte dental como al hueso que sostiene al diente y a la articulación temporomandibular: una actividad muscular que en la masticación normal se mantiene dentro de rangos moderados de fuerza y de contracción, en el bruxismo se sostiene muy por encima de esos rangos, y por eso las estructuras dentales y periodontales terminan sufriendo un daño que la masticación normal no produce.

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