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A3 Pérdida Dentaria y Movilidad Dental

Tópico

La movilidad dental es el resultado combinado de tres procesos que ocurren en los tejidos que sostienen al diente: la reducción del área de ligamento periodontal funcional, el aumento de la inflamación gingival y la pérdida ósea alveolar. Cuanto más se reduce el área de ligamento periodontal funcional, cuanto más aumenta la inflamación gingival y cuanto mayor es la pérdida ósea alveolar, mayor es la movilidad dental que resulta de la combinación de los tres.

Este comportamiento puede entenderse como el de un resorte que sostiene al diente: la rigidez efectiva de ese resorte disminuye a medida que avanza la pérdida ósea alveolar, y cuanto menor es la rigidez efectiva del diente, mayor es la movilidad dental que se observa clínicamente.

Cuando la movilidad dental se vuelve suficientemente severa, el diente deja de poder cumplir su función de soporte y sobreviene la pérdida dentaria. A partir de ese momento, el sistema deja de tener un diente que reparta las cargas masticatorias en esa posición, y esa ausencia es la que desencadena los cambios que siguen en los dientes vecinos.

La pérdida dentaria produce cambios en la distribución de las cargas masticatorias sobre los dientes adyacentes y sobre el diente antagonista de la arcada opuesta: el diente antagonista, al perder el contacto que antes lo detenía, se extruye hacia el espacio vacío, y los dientes adyacentes migran horizontalmente hacia la misma zona edéntula, inclinándose hacia el espacio que dejó el diente perdido.

Dentro de la zona edéntula que deja la pérdida dentaria, el hueso alveolar que antes soportaba las cargas transmitidas por la raíz del diente perdido deja de recibir esa carga funcional, y el hueso que deja de recibir carga tiende a resorberse: cuanto menos carga funcional recibe el hueso alveolar de esa zona, más se reduce su volumen con el tiempo.

Más allá de la zona edéntula, la pérdida dentaria altera el equilibrio oclusal de toda la arcada, porque redistribuye las cargas masticatorias que antes se repartían entre más dientes sobre un número menor de contactos. Cuando esa redistribución concentra una carga masticatoria excesiva sobre ciertos dientes o sobre la articulación temporomandibular, puede sobrecargar la articulación temporomandibular y generar síntomas en ella.

Cuando la zona edéntula se rehabilita con una prótesis apoyada sobre el reborde edéntulo, la carga masticatoria que recibe esa prótesis se reparte entre los distintos materiales del sistema según la rigidez relativa de cada uno: el material más rígido del conjunto concentra proporcionalmente más carga, mientras que el material más flexible absorbe menos.

El implante dental, al ser mucho más rígido que el ligamento periodontal que sostiene a un diente natural, concentra la carga masticatoria de un modo distinto al del diente natural y genera una distribución de tensiones diferente en el hueso pericrestal que lo rodea. Mientras que la movilidad dental del diente natural depende de la flexibilidad que le aporta el ligamento periodontal descrita al comienzo, el implante dental carece de ese ligamento periodontal amortiguador, de modo que transmite la carga masticatoria de forma mucho más directa y rígida hacia el hueso pericrestal.

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