A9 Trastornos Neurológicos Motores
Tópico
El control del movimiento se altera físicamente cuando el sistema nervioso central o el sistema nervioso periférico sufren daño. Ese daño en el sistema nervioso central o periférico no siempre altera el control del movimiento de la misma manera: puede expresarse en cuatro alteraciones físicas distintas.
La primera alteración es la espasticidad: el daño en el sistema nervioso central o periférico hace que el término proporcional del controlador motor —el que corrige el movimiento en función de qué tan lejos está de la posición esperada— aumente de una manera que depende de la velocidad del movimiento. Cuanto más rápido se intenta mover o estirar el músculo afectado, mayor es ese aumento, y mayor es la resistencia que el músculo opone al movimiento.
La segunda alteración es la paresia o la plejía: el mismo daño en el sistema nervioso central o periférico reduce la activación muscular que llega al músculo, es decir, la señal que el sistema nervioso envía para que el músculo se contraiga. Cuando esa activación muscular se reduce parcialmente, se produce paresia; cuando se reduce por completo, se produce plejía.
La tercera alteración es la ataxia: el daño en el sistema nervioso central o periférico aumenta el error de movimiento dentro del controlador motor, de modo que el movimiento real se aleja cada vez más de la trayectoria que el controlador motor debería producir, y el resultado son movimientos descoordinados e imprecisos.
La cuarta alteración es la distonía: el daño en el sistema nervioso central o periférico provoca una coactivación anormal, es decir, una activación muscular simultánea e inapropiada de los músculos que actúan en sentidos opuestos sobre una misma articulación, de modo que ambos músculos se contraen a la vez en lugar de alternarse, y esa coactivación anormal produce posturas o movimientos anormales sostenidos.
El modelo distingue estas cuatro alteraciones —la espasticidad, la paresia o plejía, la ataxia y la distonía— porque cada una afecta un aspecto distinto del control del movimiento: el término proporcional del controlador motor, la activación muscular, el error de movimiento dentro del controlador motor, o el patrón de coactivación entre músculos opuestos. Esta distinción permite cuantificar el déficit motor en términos físicos, según cuánto se aparta cada uno de esos aspectos de su funcionamiento normal.
Cuantificar el déficit motor de esta manera permite orientar las intervenciones de neuro-rehabilitación: una intervención dirigida a reducir la espasticidad no corrige una paresia o una plejía, y ninguna de las dos corrige la ataxia o la distonía cuando estas son la alteración que realmente afecta el control del movimiento.
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