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A4 Lesiones Deportivas

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En el contexto deportivo, el tejido sufre una lesión cuando la fuerza aplicada sobre él, o la deformación que esa fuerza produce, supera la resistencia mecánica del tejido, es decir, su fuerza de falla. Mientras la fuerza y la deformación se mantienen por debajo de esa fuerza de falla, el tejido las absorbe sin dañarse; en cuanto la fuerza o la deformación cruzan ese umbral, el tejido se lesiona.

La fuerza y la deformación que llegan al tejido dependen, en primer lugar, de la mecánica del impacto: la forma en que el cuerpo colisiona, se desacelera o cambia de dirección durante el gesto deportivo determina cuánta fuerza y cuánta deformación se transmiten finalmente al tejido. Cuanto más brusco o más concentrado es el impacto, mayor es la fuerza que el tejido debe soportar en un tiempo más corto.

Junto con la mecánica del impacto, la capacidad de generación de fuerza muscular también condiciona la fuerza que finalmente recibe el tejido: cuando el músculo produce una contracción intensa al mismo tiempo que ocurre el impacto, esa fuerza muscular se suma a la fuerza externa y aumenta la fuerza aplicada sobre el tejido, acercándola más a la fuerza de falla.

Además de la mecánica del impacto y de la capacidad de generación de fuerza muscular, la potencia disipada por el tejido determina cuánta de esa energía se convierte en deformación real: cuanto menor es la potencia que el tejido logra disipar durante el impacto, mayor es la proporción de esa energía que se convierte en deformación del tejido, acercándola más a la fuerza de falla.

El modelo integra estos tres factores —la mecánica del impacto, la capacidad de generación de fuerza muscular y la potencia disipada por el tejido— para identificar el mecanismo de lesión: cuál de los tres fue el que empujó la fuerza o la deformación aplicada sobre el tejido por encima de su fuerza de falla. Un mecanismo de lesión dominado por la mecánica del impacto no se corrige de la misma manera que uno dominado por una contracción muscular excesiva o por una baja capacidad del tejido para disipar potencia.

Identificar el mecanismo de lesión permite diseñar la progresión de retorno deportivo: la secuencia de cargas crecientes que se aplican de nuevo sobre el tejido lesionado, ajustada específicamente al factor —mecánica del impacto, capacidad de generación de fuerza muscular o potencia disipada— que originalmente hizo que la fuerza o la deformación superaran la fuerza de falla del tejido, hasta que el tejido vuelve a tolerar esas cargas sin acercarse de nuevo a ese umbral.

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