E2 Pabellón Auricular y Canal Auditivo Externo
Tópico
Antes de que la presión acústica que viaja por el aire entre al canal auditivo externo, atraviesa primero los pliegues del pabellón auricular, los repliegues de cartílago que le dan su forma característica a la parte visible del oído. Cada pliegue del pabellón auricular refleja una parte de la presión acústica que le llega, y esa presión acústica reflejada se combina, dentro del propio pabellón auricular, con la presión acústica que llega directamente sin reflejarse, reforzando algunas frecuencias y cancelando parcialmente otras según cuánto haya tenido que recorrer la presión acústica reflejada en cada pliegue del pabellón auricular antes de combinarse con la que no se reflejó.
Cuánto tiene que recorrer la presión acústica reflejada en cada pliegue del pabellón auricular antes de combinarse con la presión acústica directa depende de la dirección desde la que llega el sonido original: un sonido que llega desde arriba recorre un camino distinto, dentro de los pliegues del pabellón auricular, que un sonido que llega desde abajo o desde atrás, así que cada dirección de llegada produce su propio patrón de frecuencias reforzadas y frecuencias canceladas. A este patrón de filtrado, distinto para cada dirección de llegada del sonido, se le llama la filtración espacial del pabellón auricular, y es lo que le permite al cerebro distinguir, únicamente a partir del contenido de frecuencias que finalmente entra al canal auditivo externo, si un sonido vino de arriba, de abajo, de adelante o de atrás, algo que la sola diferencia de tiempo o de intensidad entre los dos oídos no alcanza a distinguir por sí sola.
La presión acústica ya filtrada espacialmente por el pabellón auricular entra entonces al canal auditivo externo, que por su forma alargada y estrecha se comporta como un resonador de guía de onda cilíndrica: un tubo cerrado en un extremo por la membrana timpánica y abierto en el otro extremo hacia el pabellón auricular. Un tubo cerrado en un extremo y abierto en el otro no deja pasar toda frecuencia por igual: refuerza con más fuerza aquellas frecuencias cuya longitud de onda encaja de forma particular dentro del largo del propio canal auditivo externo, y deja pasar con menos refuerzo a las demás frecuencias.
Debido a esa forma de resonador de guía de onda cilíndrica, el canal auditivo externo refuerza con más fuerza un rango de frecuencias medias-agudas, aproximadamente entre dos mil y cinco mil hercios, elevando la presión acústica que llega hasta la membrana timpánica en ese rango de frecuencias medias-agudas entre diez y quince decibeles por encima de la presión acústica que había justo a la entrada del canal auditivo externo. A esta elevación se le llama amplificación pasiva, pasiva porque el canal auditivo externo no le agrega ninguna energía propia a la presión acústica: solo la concentra en el rango de frecuencias medias-agudas gracias a su propia forma de resonador de guía de onda cilíndrica, sin gastar ninguna energía adicional para lograrlo.
Entre la filtración espacial que aporta el pabellón auricular por sus pliegues y la amplificación pasiva que aporta el canal auditivo externo por su forma de resonador de guía de onda cilíndrica, la presión acústica que finalmente llega a la membrana timpánica ya no tiene el mismo contenido de frecuencias que tenía la presión acústica original en el ambiente: el patrón completo de frecuencias reforzadas y canceladas ya lleva grabada la dirección de la que vino el sonido, gracias a la filtración espacial, y además las frecuencias medias-agudas llegan reforzadas por la amplificación pasiva. Todo el procesamiento espectral que ocurre en las etapas siguientes, dentro del oído medio y del oído interno, parte entonces de esta presión acústica ya modificada por el pabellón auricular y el canal auditivo externo, y no de la presión acústica original que existía en el ambiente antes de llegar al oído.
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