D3 Otoemisiones Acústicas (OAE): Función de OHC
Tópico
Las células ciliadas externas, además de amplificar y comprimir el movimiento de la membrana basilar en respuesta al sonido que llega desde el oído medio, también generan su propia energía mecánica: cuando una célula ciliada externa se activa, se contrae y se alarga de forma rítmica, y ese movimiento activo no solo empuja la membrana basilar hacia adelante, en el mismo sentido en que viaja el sonido entrante, sino que también empuja una parte de esa energía hacia atrás, en sentido contrario al que trae el sonido que la activó.
Esa energía mecánica que las células ciliadas externas empujan hacia atrás recorre en sentido inverso el mismo camino que recorrería un sonido entrante: atraviesa el líquido de la cóclea hacia la ventana oval, mueve la cadena osicular en sentido contrario al habitual, hace vibrar la membrana timpánica desde adentro hacia afuera, y finalmente sale por el canal auditivo externo como un sonido real, aunque muy débil, al que se le llama otoemisión acústica. La otoemisión acústica no es, entonces, un eco del sonido que entró, sino un sonido nuevo que las propias células ciliadas externas generan y que sale del oído por la misma puerta por la que entra cualquier sonido del ambiente.
Como la otoemisión acústica que sale por el canal auditivo externo es demasiado débil para escucharse a simple oído, hace falta una sonda con un micrófono de alta sensibilidad que selle el canal auditivo externo y capture esa otoemisión acústica antes de que se pierda en el ambiente. La sonda con micrófono de alta sensibilidad solo puede registrar la otoemisión acústica si las células ciliadas externas que la generan siguen funcionando: si las células ciliadas externas están dañadas o han desaparecido, no hay movimiento activo que empuje energía hacia atrás, y la sonda con micrófono de alta sensibilidad no detecta ninguna otoemisión acústica en el canal auditivo externo.
La presencia de una otoemisión acústica confirma que la función coclear está intacta, al menos hasta un nivel de pérdida auditiva de alrededor de cuarenta decibeles: por encima de ese umbral de pérdida, las células ciliadas externas ya están demasiado dañadas como para generar una otoemisión acústica detectable, aunque la persona todavía conserve algo de audición gracias a las células ciliadas internas que sobrevivan. Por debajo de ese mismo umbral, en cambio, una otoemisión acústica presente indica que las células ciliadas externas siguen generando su movimiento activo con normalidad, incluso antes de que la persona haya reportado ningún síntoma.
Para generar y registrar una otoemisión acústica en la práctica clínica, los dos tipos más usados difieren en el estímulo que se le presenta al oído para activar a las células ciliadas externas. La otoemisión por producto de distorsión presenta al oído dos tonos puros simultáneos, de frecuencias distintas y cercanas entre sí, y aprovecha que la respuesta de las células ciliadas externas ante dos tonos a la vez no es simplemente la suma de ambos sino que incluye una distorsión propia de su comportamiento, distorsión que las células ciliadas externas devuelven como una otoemisión acústica en una tercera frecuencia, matemáticamente relacionada con las dos frecuencias originales pero distinta de ambas. La otoemisión evocada por transitorio, en cambio, presenta al oído un único clic breve que contiene muchas frecuencias a la vez, y registra la otoemisión acústica que las células ciliadas externas devuelven, a lo largo de un rango amplio de frecuencias, como respuesta a ese único clic.
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