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A4 Hipercusia y Misofonia: Sensibilidad Anormal al Sonido

Tópico

El sonido que atraviesa la vía auditiva central en su camino hacia la corteza auditiva pasa, en las personas con sensibilidad anormal al sonido, por un procesamiento que ya no es el habitual: la vía auditiva central le asigna a ese sonido una importancia mayor de la que le correspondería por su intensidad física real, y esa asignación excesiva puede originarse por dos caminos distintos que convergen en la misma vía auditiva central. El primer camino es la deaferentación: cuando una pérdida periférica reduce la señal que llega a la vía auditiva central, esta reacciona aumentando su propia ganancia para compensar la señal perdida. El segundo camino es la neuroplasticidad maladaptativa: la vía auditiva central establece o refuerza conexiones con estructuras que normalmente no participan tanto en el procesamiento de un sonido común, sin que exista necesariamente una pérdida periférica de por medio.

Cuando la deaferentación aumenta la ganancia de la vía auditiva central, ese aumento no se limita a compensar la señal perdida sino que también amplifica en exceso los sonidos que sí llegan con normalidad, así que sonidos de una intensidad cotidiana empiezan a producir una respuesta neural equivalente a la que antes solo producía un sonido mucho más intenso. Esta ganancia excesiva de la vía auditiva central reduce el nivel de incomodidad ante el sonido, el punto de intensidad a partir del cual un sonido deja de ser tolerable y empieza a resultar doloroso o insoportable: cuanto mayor es la ganancia de la vía auditiva central, más bajo se vuelve el nivel de incomodidad ante el sonido, porque hace falta cada vez menos intensidad física real para producir, dentro de la vía auditiva central, la misma respuesta que antes exigía un sonido mucho más fuerte. Esta reducción patológica del nivel de incomodidad ante el sonido es la hiperacusia: sonidos de una intensidad normal, cotidiana, se perciben como excesivamente fuertes o directamente dolorosos.

La neuroplasticidad maladaptativa, en cambio, no actúa aumentando de forma general la ganancia de la vía auditiva central sino conectando la vía auditiva central con los circuitos que generan reacciones emocionales fuertes, de modo que un sonido particular deja de procesarse solo como un sonido y pasa a activar, además, una respuesta de rechazo, ira o ansiedad. Esta conexión reforzada entre la vía auditiva central y los circuitos emocionales hace que sonidos muy específicos y por lo demás poco intensos —como el sonido de masticar o respirar— disparen una reacción desproporcionada que no depende de cuán fuerte sea el sonido sino de qué sonido es. Esta activación desproporcionada de los circuitos emocionales frente a sonidos específicos es la misofonía, y a diferencia de la hiperacusia, la misofonía no reduce el nivel de incomodidad ante el sonido en general sino que concentra la reacción anormal en un conjunto acotado de sonidos gatillo.

Tanto la hiperacusia como la misofonía terminan expresándose como la misma sensibilidad anormal al sonido con la que abre este modelo: la vía auditiva central, ya sea por la ganancia excesiva que produce la deaferentación o por las conexiones emocionales que produce la neuroplasticidad maladaptativa, deja de procesar el sonido cotidiano como algo neutro y lo convierte en una fuente de malestar, sea porque resulta demasiado fuerte o porque resulta emocionalmente intolerable.

Como la sensibilidad anormal al sonido que abrió este modelo no depende de que el sonido sea objetivamente dañino sino de cómo lo procesa la vía auditiva central, ninguna de las correcciones disponibles actúa reduciendo la intensidad física del sonido. La desensibilización expone a la persona, de forma gradual y controlada, a sonidos de intensidad creciente para que la vía auditiva central reajuste hacia arriba su nivel de incomodidad ante el sonido y reduzca con el tiempo la ganancia excesiva que sostiene la hiperacusia. La terapia de reentrenamiento combina esa misma exposición gradual con un trabajo dirigido a debilitar la conexión entre la vía auditiva central y los circuitos emocionales, lo que resulta particularmente relevante cuando la sensibilidad anormal al sonido incluye un componente de misofonía. La protección auditiva controlada, por su parte, limita el uso de tapones u orejeras a las situaciones estrictamente necesarias, porque protegerse del sonido de manera constante reduce aún más la señal que llega a la vía auditiva central y, por el mismo mecanismo de la deaferentación descrito antes, puede terminar aumentando todavía más la ganancia central en lugar de aliviarla.

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