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D8 Electrografía

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La electromiografía de aguja o de superficie es el método que permite observar directamente la activación eléctrica del músculo pectoral de un ave mientras vuela, en vez de inferirla indirectamente a partir de su trayectoria o de su respiración. Es el único método que accede al nivel del propio actuador —el músculo pectoral y el sistema nervioso que lo activa— en lugar de observar solamente el resultado final de ese actuador sobre el vuelo del ave. Unos electrodos implantables registran, en cada ciclo de batido, un burst de activación eléctrica —la señal de activación eléctrica con la que el sistema nervioso ordena al músculo pectoral contraerse.

De esa señal de activación eléctrica se extraen cuatro variables diagnósticas independientes. La primera es la amplitud eficaz de la señal en cada burst de activación, que es directamente proporcional a la fuerza que el músculo pectoral desarrolla en esa contracción: cuanto mayor es la amplitud eficaz de la señal, mayor es la fuerza que el músculo pectoral está generando en ese ciclo de batido.

La segunda variable es la latencia de activación, el tiempo que transcurre entre un estímulo y el momento en que la señal de activación eléctrica del músculo pectoral realmente comienza. Esta latencia de activación es el mismo tipo de retraso que se alarga cuando el sistema nervioso está degradado por una perturbación neuromuscular, de modo que una latencia de activación más larga de lo normal es un indicador diagnóstico directo de ese tipo de perturbación.

La tercera variable es el índice de fatiga, que se calcula a partir de cuánto cae la amplitud eficaz de la señal de un ciclo de batido al siguiente durante un esfuerzo sostenido: cuanto más rápido cae esa amplitud eficaz ciclo tras ciclo, mayor es el índice de fatiga. Un índice de fatiga elevado es el indicador diagnóstico directo de un músculo pectoral dañado, porque un músculo pectoral sano mantiene su amplitud eficaz mucho más estable a lo largo de un mismo esfuerzo.

La cuarta variable es la frecuencia mediana del espectro de la señal de activación eléctrica, que también desciende a medida que el músculo pectoral se fatiga, porque un músculo fatigado recluta sus fibras musculares de una forma distinta a un músculo descansado y esa diferencia se refleja en el contenido de frecuencias de la señal. Junto con el índice de fatiga, este descenso de la frecuencia mediana del espectro confirma si la caída de rendimiento que muestra el ave proviene de una fatiga muscular acumulada durante el propio vuelo.

Además de estas cuatro variables, medidas sobre un solo músculo pectoral, la electromiografía también puede comparar la señal de activación eléctrica del pectoral izquierdo con la del pectoral derecho al mismo tiempo. Una asincronía bilateral entre ambos pectorales —cuando uno se activa con una latencia de activación distinta a la del otro, o desarrolla una fuerza distinta según su amplitud eficaz— es el indicador específico de un daño neural unilateral o de un daño muscular asimétrico entre ambos lados del cuerpo del ave. Esta asincronía bilateral produce el mismo desequilibrio de sustentación entre el lado izquierdo y el derecho que produce una fractura ósea asimétrica, aunque aquí el mecanismo de origen es neuromuscular y no estructural.

Combinando estas cinco señales —la amplitud eficaz, la latencia de activación, el índice de fatiga, la frecuencia mediana del espectro y la asincronía bilateral entre ambos pectorales—, la electromiografía de aguja o de superficie permite diagnosticar, directamente sobre el músculo pectoral y el sistema nervioso que lo activa, si un ave con un rendimiento de vuelo reducido sufre fatiga muscular acumulada, una perturbación neuromuscular, o una asimetría entre ambos lados de su cuerpo, sin depender de observar cómo esas causas terminan afectando su trayectoria de vuelo.

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