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M8 Modos Depredación / Alimentación

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Los modos de depredación combinan capacidades locomotoras, sensoriales y cognitivas del depredador, y cada modo resuelve de una manera distinta el problema de capturar a la presa.

Entre estas capacidades locomotoras, la persecución a alta velocidad que practica el guepardo maximiza la velocidad pico que el depredador alcanza, llegando hasta unos treinta metros por segundo, pero esa misma velocidad está limitada por la hipertermia: el calor que produce el cuerpo durante el esprint sobrepasa la capacidad del guepardo de disipar ese calor, y el animal se ve obligado a detener la persecución después de tan solo entre veinte y treinta segundos de carrera.

Frente a esta persecución de velocidad máxima pero muy breve, los perros salvajes africanos optimizan en cambio la resistencia: mantienen una velocidad más moderada, de unos diez metros por segundo, mucho más allá de lo que el guepardo podría sostener, a lo largo de kilómetros enteros, minimizando así el costo energético de esa persecución prolongada y maximizando en cambio el agotamiento de la presa perseguida.

Un tercer modo de capturar a la presa es la emboscada, que en vez de maximizar la velocidad sostenida maximiza la aceleración inicial del ataque y la fuerza del impacto contra la presa en el momento del contacto.

Parte de esa fuerza de impacto se concentra, en el momento de la captura, en la fuerza de mordida, que depende de la ventaja mecánica que ofrece la mandíbula como un sistema de palanca: cuanto más larga es la distancia entre el punto donde se inserta el músculo de la mandíbula y el punto donde pivota la mandíbula, comparada con la distancia entre ese punto de pivote y el punto donde muerde, mayor es la fuerza que el depredador logra ejercer sobre la presa en el punto de mordida.

Las capacidades cognitivas y sociales del depredador entran en juego de forma más directa en la caza cooperativa en manada, que aumenta la probabilidad de capturar presas grandes que un solo individuo no podría capturar por sí mismo: esa probabilidad de captura grupal crece de forma exponencial tanto con el número de cazadores que participan como con la velocidad relativa entre el depredador y la presa.

Detrás de la decisión misma de perseguir, emboscar o cazar en grupo a una presa en particular está la capacidad cognitiva del depredador para evaluar si esa presa vale la pena: el depredador incluye una presa dentro de su dieta si, y solo si, el valor energético neto de capturarla supera la tasa promedio de energía neta que el depredador podría obtener en su hábitat de otras formas. Esta misma lógica predice que un depredador que vive en un hábitat rico en presas se vuelve más selectivo, rechazando presas de bajo valor energético, mientras que uno que vive en un hábitat pobre se vuelve menos selectivo, aceptando capturar casi cualquier presa disponible — la misma capacidad cognitiva con la que se abrió esta descripción de los modos de depredación y alimentación.

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