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E6 Biomecánica Respiratoria y Circulatoria

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La percepción y la predicción son los elementos de información que permiten al mamífero depredador planificar y ejecutar el ataque con éxito, o que permiten a la presa escapar de ese mismo ataque. Varios sistemas sensoriales participan en reunir esa información: la visión, que detecta la posición y la velocidad de la presa; el oído, que la localiza comparando el momento en que el sonido llega a cada oreja; el olfato, que detecta la dirección desde la que sopla el viento; y mecanorreceptores que detectan la vibración del suelo producida por el movimiento de otro animal.

La predicción de hacia dónde se dirige la presa, construida a partir de la información que entregan estos sistemas sensoriales, le permite al depredador elegir una ruta de interceptación en vez de perseguir directamente a la presa por el camino que esta ya recorrió: interceptando la trayectoria futura de la presa en vez de seguir su trayectoria pasada, el depredador reduce tanto la distancia que debe recorrer como la energía que necesita gastar para alcanzarla.

Esta ruta de interceptación sigue, en su forma más simple, una regla precisa: el depredador ajusta continuamente su propia dirección de movimiento de modo que el ángulo con el que ve a la presa se mantenga constante a lo largo de toda la persecución. Manteniendo ese ángulo de visión constante, el depredador y la presa terminan encontrándose en un mismo punto sin que el depredador necesite calcular explícitamente la posición futura de la presa.

Durante esa misma persecución, el depredador también necesita saber cuánto tiempo falta para alcanzar a la presa: ese tiempo hasta el contacto se obtiene dividiendo la distancia que separa a ambos animales por la velocidad a la que esa distancia se está cerrando, un cálculo que el sistema visual puede estimar directamente a partir de qué tan rápido crece la imagen de la presa en el campo visual, sin necesidad de conocer por separado la distancia y la velocidad.

Ese mismo sistema visual que estima el tiempo hasta el contacto tiene un límite en su capacidad de detectar cambios: el cambio más pequeño en un estímulo que el animal es capaz de percibir no es una cantidad fija, sino que es proporcional a la magnitud del estímulo de fondo sobre el que ese cambio ocurre, de modo que detectar el mismo cambio absoluto resulta más fácil sobre un fondo débil que sobre un fondo intenso.

Una vez que el sistema sensorial detecta la necesidad de corregir la trayectoria, esa corrección no ocurre de inmediato: existe una latencia de respuesta motora entre el momento en que se detecta la necesidad de corregir y el momento en que el cuerpo efectivamente corrige el rumbo, y esa latencia es la que determina cuánto tiempo le queda realmente disponible al animal para ajustar su trayectoria antes del contacto.

Al final de esta cadena de percepción y predicción con la que se abrió esta descripción, lo que determina si vale la pena para el depredador intentar el ataque es la eficiencia del ataque: la razón entre la energía que el depredador obtiene de la presa si logra capturarla y el costo energético de todo el esfuerzo de percibir, predecir, perseguir y corregir la trayectoria durante el ataque. Cuando esa razón resulta favorable, la estrategia de caza es metabólicamente rentable; cuando no lo es, perseguir a esa presa en particular deja de tener sentido energético para el depredador.

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