D7 Análisis Ambiental y Contextual
Tópico
El análisis ambiental y contextual cuantifica las condiciones físicas del entorno en que se desenvuelve el mamífero, así como las interacciones del animal con ese entorno a lo largo del tiempo y del espacio. Para lograrlo integra cuatro componentes: tecnologías de localización que siguen la posición del animal, técnicas de caracterización de las superficies sobre las que se desplaza, mediciones de las variables climáticas que lo rodean, y un análisis cuantitativo de su comportamiento social, todo lo cual proporciona el contexto físico dentro del cual ocurren el movimiento y la fisiología del animal.
Las tecnologías de localización combinan un sistema de posicionamiento satelital con una unidad inercial formada por un acelerómetro, un giróscopo y un magnetómetro, cada uno midiendo en las tres direcciones del espacio: juntos, estos sensores registran la posición geográfica y el movimiento del animal en alta frecuencia. Integrando dos veces en el tiempo la aceleración que mide el acelerómetro se obtiene el desplazamiento del animal, aunque ese cálculo va acumulando un error creciente con el tiempo; para corregir ese error, un algoritmo de fusión de sensores combina la posición satelital, que se actualiza con poca frecuencia pero no acumula error, con la medición inercial, que se actualiza con mucha frecuencia pero sí acumula error, y obtiene así la mejor estimación posible del estado dinámico del animal en cada instante. A partir del acelerómetro, y mediante modelos de calibración obtenidos empíricamente, también se puede estimar la potencia dinámica que el animal está desarrollando en el campo.
La caracterización de las superficies sobre las que el animal se desplaza incluye tres mediciones distintas: el coeficiente de fricción de la superficie, obtenido arrastrando un elemento de prueba sobre ella; la rigidez del sustrato frente a la deformación, obtenida presionando un elemento de prueba contra la superficie; y la rugosidad de la superficie, obtenida recorriendo su perfil con un instrumento de precisión.
El análisis cuantitativo del comportamiento social mencionado al comienzo representa a cada animal del grupo como un punto dentro de una red, y a cada interacción física entre dos animales —un contacto, una persecución, una vocalización dentro de cierta distancia máxima— como una conexión entre esos dos puntos, conexión que además se pondera según qué tan intensa o frecuente es esa interacción. El número de interacciones que cada individuo mantiene con sus vecinos más próximos sigue una distribución característica dentro del grupo, y esa distribución permite detectar individuos que quedan aislados de la red social o que muestran un patrón de interacción anómalo respecto del resto.
El gasto energético diario del animal, estimado a partir de la potencia dinámica que la acelerometría permite calcular, resulta correlacionado con la masa corporal del animal siguiendo la misma relación alométrica que sigue el metabolismo basal: no crece en proporción directa con la masa, sino según una potencia de la masa levemente menor que uno. Sobre ese metabolismo basal, la actividad locomotora del animal añade un multiplicador que va de una vez y media hasta ocho veces el gasto basal, según cuán intensa sea la actividad, de modo que el análisis ambiental y contextual con el que se abrió esta descripción termina explicando, a través del contexto físico del movimiento, una parte sustancial del gasto energético total del animal.
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