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A8 Disrupciones Sociales y Reproductivas

Tópico

Las disrupciones sociales y reproductivas comprenden el fallo de los mecanismos físicos de comunicación, coordinación y sincronización que estructuran la vida grupal de los mamíferos. Aunque estas disfunciones parecen pertenecer al dominio del comportamiento animal, sus bases son profundamente físicas: la vocalización es un problema de mecánica vibratoria del tracto vocal, los despliegues corporales son un problema de biomecánica postural, la sincronización del grupo es un problema de osciladores acoplados entre sí, y la agresión física desregulada se rige por la mecánica del impacto y la transferencia de energía entre cuerpos.

La mecánica vibratoria del tracto vocal se modela representando los pliegues vocales como una cuerda tensa que vibra: la frecuencia fundamental con la que vibran los pliegues está determinada por la tensión a la que están sometidos y por su masa por unidad de longitud, de modo que pliegues más tensos vibran a mayor frecuencia y pliegues más masivos vibran a menor frecuencia. Por encima de esa frecuencia fundamental, el resto del tracto vocal actúa como una cavidad resonante que filtra el espectro sonoro producido por los pliegues, reforzando ciertas frecuencias por encima de otras y dando a cada vocalización su timbre característico.

La agresión física desregulada, y también el combate ritualizado entre individuos de la misma especie, se rige por la mecánica del impacto entre cuernos, cornamentas o cuerpos que chocan: cuando el choque es completamente inelástico, es decir, cuando los cuerpos o las estructuras que chocan quedan trabados entre sí después del impacto, la pérdida de energía cinética durante el choque es máxima. Cuando en cambio el choque es elástico y los cuerpos se separan después de chocar, la cantidad de movimiento se transfiere de manera completa de un cuerpo al otro sin que se pierda energía cinética en el proceso.

La sincronización del grupo mencionada al comienzo se manifiesta de varias formas —coordinación de movimiento colectivo, vocalización coral entre varios individuos, y sincronización estacional de la reproducción dentro del grupo— y en todos los casos se modela como un conjunto de osciladores acoplados entre sí por las señales físicas que los individuos se intercambian: acústicas, visuales o químicas. El ritmo colectivo que exhibe el grupo emerge de qué tan fuerte es el acoplamiento entre esos osciladores individuales: cuanto más fuerte es el acoplamiento entre los animales, más sincronizado resulta su comportamiento grupal.

Cuando la disfunción física de algunos individuos debilita las conexiones —de movimiento, de vocalización, de señales químicas— que mantienen sincronizado al grupo, la estructura social completa puede fragmentarse: existe un número mínimo de esas conexiones sociales activas por debajo del cual el grupo deja de comportarse como una unidad coherente y se separa en subgrupos aislados entre sí.

Cuando las disrupciones sociales y reproductivas son suficientemente graves como para fragmentar al grupo, las consecuencias recaen sobre la vida grupal misma que estos mecanismos físicos de comunicación, coordinación y sincronización sostenían desde el comienzo: el grupo queda segmentado en unidades más pequeñas, cada individuo pierde parte del efecto protector de estar rodeado de otros —el riesgo de ser depredado, que se reparte entre más individuos cuando el grupo es grande, se concentra de nuevo en cada individuo cuando el grupo se fragmenta— y el éxito reproductivo del grupo se reduce, algo que se puede medir directamente en una caída de las tasas de natalidad.

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