A7 Pérdida de Función Sensorial
Tópico
La pérdida de función sensorial en mamíferos compromete la capacidad del sistema nervioso de adquirir información sobre el estado mecánico del propio cuerpo —la propiocepción— y sobre el entorno que lo rodea —la exterocepción—. Cada modalidad sensorial funciona físicamente como un transductor especializado que convierte una forma distinta de energía física, ya sea deformación mecánica, presión de sonido, campo magnético o vibración, en potenciales de acción eléctricos que el sistema nervioso puede interpretar. La degradación de cualquier eslabón de esta cadena de transducción reduce la calidad de la retroalimentación sensorial disponible para el control motor.
La propiocepción depende de mecanorreceptores especializados —los husos musculares y los órganos tendinosos de Golgi— que actúan como transductores viscoelásticos de la deformación mecánica del músculo y el tendón: la frecuencia con la que estos receptores disparan sus potenciales de acción es proporcional a dos componentes que se suman, uno ligado a cuánto está deformado el tejido en un instante dado y otro ligado a qué tan rápido cambia esa deformación en el tiempo. Cuando aparece una neuropatía, se reduce tanto la sensibilidad de estos receptores a la deformación sostenida como su sensibilidad a la velocidad de deformación, lo que eleva el umbral mínimo de movimiento articular que el animal necesita para detectar que la articulación se está moviendo.
La modalidad sensorial que transduce la presión de sonido alcanza su forma más elaborada en la ecolocalización de murciélagos y cetáceos, que funciona como un sonar activo: el animal emite una señal sonora y compara la intensidad de la señal que emitió con la intensidad de la señal que le regresa después de reflejarse en un objetivo, comparación de la que también participan qué tan bien ese objetivo refleja el sonido y cuánta energía de la señal se pierde en el trayecto por absorción del medio y por dispersión geométrica de la onda. Cuando la audición se degrada, el umbral de intensidad mínima que el animal necesita para detectar un eco aumenta, y la resolución con la que puede distinguir objetivos cercanos entre sí, tanto en ángulo como en distancia, se reduce.
La modalidad sensorial que transduce el campo magnético opera mediante pares de estructuras magnéticas internas —los magnetosomas— que detectan diferencias de campo magnético entre un punto y otro del cuerpo del animal: la sensibilidad de esta detección cae a medida que aumenta el ruido térmico interno, el mismo tipo de agitación molecular aleatoria que compite con cualquier señal débil que el organismo intente detectar.
Cuando es específicamente la propiocepción la que se pierde, el control motor que depende de su retroalimentación mencionada al comienzo se resiente de forma característica: aumentan las oscilaciones posturales del animal en reposo, aparece una marcha atáxica que empeora notablemente cuando el animal cierra los ojos y deja de poder compensar la pérdida propioceptiva con información visual, y el tiempo que el animal tarda en reaccionar ante una perturbación mecánica inesperada se alarga.
ID:2624
