A5 Desregulación Térmica
Tópico
La desregulación térmica representa la incapacidad del mamífero de mantener la temperatura corporal central dentro de su rango funcional, un rango que varía según la especie pero que en términos generales va desde algo más de treinta y seis grados hasta cerca de cuarenta y dos grados centígrados. Esta incapacidad aparece por un exceso en la producción de calor durante el ejercicio intenso, por la exposición a temperaturas ambientales extremas, o por la pérdida de los mecanismos de aislamiento térmico que normalmente protegen al animal. El balance térmico del organismo es, en el fondo, un problema de transferencia de calor que nunca llega a un estado fijo: la temperatura corporal central cambia en el tiempo cada vez que el calor que el cuerpo produce deja de ser igual al calor que el cuerpo logra disipar hacia el ambiente.
El calor que el cuerpo produce durante el ejercicio es directamente proporcional al consumo de oxígeno del músculo en actividad: cuanto más oxígeno consume el músculo para generar trabajo mecánico, más calor libera como subproducto, porque solo una fracción del total —típicamente entre una quinta parte y un cuarto de la energía consumida— se convierte efectivamente en trabajo mecánico útil, mientras que el resto se disipa como calor dentro del propio cuerpo.
El calor que el cuerpo logra disipar hacia el ambiente escapa por cuatro vías físicas distintas. Por conducción, el calor pasa directamente hacia una superficie en contacto con el cuerpo, en una cantidad proporcional a la diferencia de temperatura entre ambos y a qué tan bien conduce el calor el tejido que los separa. Por convección, el calor pasa hacia el aire o el agua que rodea al cuerpo, en una cantidad proporcional a la diferencia de temperatura entre el cuerpo y ese medio, y a qué tan rápido se renueva ese medio junto a la piel. Por radiación, el cuerpo emite calor en una cantidad que crece mucho más rápido que la propia temperatura corporal, de modo que pequeños aumentos de temperatura elevan notablemente el calor radiado. Por evaporación, finalmente, el cuerpo pierde calor cuando el agua del sudor cambia de estado líquido a vapor sobre la piel, absorbiendo calor en el proceso; esta vía es el mecanismo dominante de disipación durante la hipertermia inducida por ejercicio, cuando las otras tres vías ya no alcanzan a evacuar todo el calor producido.
La pérdida de los mecanismos de aislamiento térmico mencionada al comienzo se explica por el comportamiento del pelaje, que actúa como una capa aislante frente a la pérdida o ganancia de calor con el ambiente: esa capa se comporta como un material poroso cuya resistencia al paso del calor depende de su espesor y de qué tan atrapado queda el aire entre los pelos, de modo que un pelaje comprimido, mojado o dañado ofrece mucha menos resistencia al paso de calor que un pelaje intacto.
Cuando la producción de calor cae y el aislamiento térmico del pelaje resulta insuficiente frente a un ambiente frío, la temperatura corporal central no se mantiene sino que decae progresivamente hacia la temperatura ambiental: ese descenso sigue una trayectoria exponencial, cada vez más lenta a medida que la temperatura corporal se acerca a la temperatura del ambiente, y la rapidez de todo el descenso depende de la masa del animal y del aislamiento que conserve — un animal más grande o mejor aislado enfría más lentamente que uno pequeño o mal aislado.
Tanto el exceso como el déficit de temperatura corporal central tienen, más allá de cierto punto, consecuencias que dejan de ser graduales. Cuando la hipertermia por ejercicio eleva la temperatura corporal central muy por encima de los cuarenta y dos grados, las proteínas enzimáticas del organismo empiezan a desnaturalizarse y sobreviene un fallo que compromete a varios órganos a la vez. Cuando, en el extremo opuesto, la hipotermia hace caer la temperatura corporal central muy por debajo de los treinta grados, el corazón deja de mantener un ritmo normal y aparecen arritmias cardíacas severas. En ambos extremos es la misma temperatura corporal central con la que se abrió esta descripción la que, al salirse de su rango funcional de forma sostenida, termina comprometiendo la función del organismo completo.
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