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A12 Desincronización de Cardumen

Tópico

La desincronización del cardumen por ruido antropogénico describe la perturbación del sistema de comunicación acústica e hidrodinámica que mantiene la cohesión y la sincronización del cardumen, cuando ese sistema se ve expuesto a fuentes de ruido de origen humano: el tráfico marítimo, el sonar militar, la exploración sísmica, las obras portuarias y la acuicultura. El ruido antropogénico afecta a ese sistema de comunicación por dos vías distintas: puede enmascarar las señales biológicas que los peces usan para coordinar su comportamiento colectivo —la vocalización de comunicación y los sonidos que produce el propio nado— o puede actuar directamente como una perturbación física sobre el campo de flujo y presión que la línea lateral de cada pez percibe.

El enmascaramiento de las señales biológicas del cardumen se cuantifica mediante un exceso de enmascaramiento, que compara, en decibeles, el nivel del ruido de fondo con el umbral de detección auditiva del pez a la frecuencia que interesa; cuando el nivel de ruido de fondo supera ese umbral de detección auditiva, la comunicación acústica del cardumen queda comprometida. El sonar de baja frecuencia y la exploración sísmica generan, además, pulsos de presión de altísima intensidad, por encima de doscientos decibeles, que pueden causar daño mecánico directo al sistema auditivo del pez —lo que se conoce como barotrauma auditivo—, un daño que resulta más severo en los peces cuya vejiga natatoria está ubicada junto al oído, porque esa vejiga natatoria amplifica la presión del pulso antes de que llegue al órgano auditivo.

Más allá del daño auditivo, la perturbación física que el ruido antropogénico introduce sobre el campo de flujo y presión del cardumen desencadena una respuesta de alarma que se propaga como una onda de información: primero reaccionan los individuos más cercanos a la fuente del ruido, y desde ellos la alarma se transmite hacia los individuos más alejados. Esa onda de alarma se propaga más rápido cuanto menor es el tiempo de reacción de cada individuo, y también se propaga más rápido cuanto más densamente empaquetado está el cardumen, porque los individuos vecinos están más cerca entre sí y la señal de alarma tarda menos en pasar de uno a otro.

Cuando el ruido antropogénico no es un pulso aislado sino que se vuelve continuo, la desincronización del cardumen se vuelve persistente, y el propio cardumen termina elevando su umbral de alarma, un fenómeno de habituación en el que el grupo deja de reaccionar con la misma intensidad ante estímulos que antes habrían disparado una respuesta de alarma. Esa habituación reduce, en consecuencia, la respuesta del cardumen ante amenazas reales, como la aproximación de un depredador, precisamente porque el sistema de alarma se ha vuelto menos sensible tras la exposición prolongada al ruido de fondo.

Los cardúmenes expuestos de forma crónica al ruido antropogénico terminan mostrando una cohesión espacial menor, con una separación mayor entre individuos, una variabilidad de trayectoria más alta, y una eficiencia forrajera reducida, porque el mismo sistema de comunicación acústica e hidrodinámica que al comienzo de este modelo se describió como el sostén de la cohesión y la sincronización del cardumen ya no funciona con la misma fidelidad. Estas consecuencias terminan reflejándose en la condición corporal de los individuos del cardumen y en su reclutamiento, es decir, en cuántos de ellos logran sobrevivir e incorporarse exitosamente a la población adulta.

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