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E52 Sistema Traqueal y Transporte de Gases

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Este mismo sistema traqueal de un insecto constituye, en general, a la propia red final de tubos que lleva a su propio oxígeno directamente hacia cada tejido de ese mismo insecto, entrando en consecuencia a través de este mismo espiráculo que ya establece otro modelo de este conjunto, sin necesitar en cambio a ningún propio sistema circulatorio de oxígeno particular, a diferencia en cambio de esta misma hemolinfa que ya establece otro modelo distinto de este conjunto sobre una presión hidráulica.

Esta misma difusión de Fick constituye, en cambio, al propio mecanismo principal final de transporte dentro de la traqueola más fina de este insecto; dentro de una tráquea considerablemente mayor puede ocurrir, en cambio, a una propia convección asistida particular por los propios movimientos abdominales de ventilación de ese mismo insecto.

Este mismo número de Péclet distingue, en cambio, a estos dos regímenes distintos entre sí: un número de Péclet considerablemente bajo indica, en consecuencia, que esta misma difusión de Fick con la que ya se abrió este párrafo domina, en cambio, sobre esa misma convección, mientras que un número de Péclet considerablemente alto indica, en cambio, que esa misma convección domina, en consecuencia, sobre esa difusión.

Esta misma ley de escala de Kleiber que ya establece otro modelo de este conjunto establece, en cambio, cómo este mismo consumo final de oxígeno de este insecto escala, en consecuencia, con su propia masa corporal particular. Que esta masa corporal de este insecto resulte todavía mayor hace que, en consecuencia, este mismo consumo final de oxígeno de ese insecto, según esta misma ley de escala de Kleiber, en consecuencia, resulte también todavía mayor, aunque en una proporción menor que ese mismo aumento de masa.

Por eso este modelo, con esta red de tubos que lleva oxígeno directamente hacia cada tejido con la que se abrió, hace que esta misma ecuación de difusión estacionaria prediga, en consecuencia, a un propio radio máximo final de cuerpo de este insecto, más allá del cual ese mismo oxígeno ya no logra difundir, en cambio, con suficiente rapidez hacia el propio centro final de ese tejido: esto explica, en consecuencia, por qué un insecto paleozoico gigante solo pudo existir cuando esta misma concentración final de oxígeno atmosférico resultaba, en consecuencia, considerablemente más alta que la actual, y por qué este insecto moderno mantiene, en cambio, a un propio tamaño corporal limitado. Que esta concentración de oxígeno atmosférico disponible para este insecto resulte todavía más baja hace que, en consecuencia, este mismo radio máximo final de cuerpo que ese insecto todavía logra sostener, según esta misma ecuación de difusión estacionaria con la que se cierra este modelo, en consecuencia, resulte también todavía menor.

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