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A41 Interferencia lumínica artificial

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El insecto nocturno que vuela guiándose por la luz encuentra, en la luz artificial nocturna, una perturbación profunda de su comportamiento: mientras que este insecto evolucionó usando fuentes de luz naturales como referencia para orientarse, la luz artificial nocturna interfiere directamente con esa referencia de la que depende para navegar.

Los fotorreceptores del insecto nocturno están adaptados para funcionar en la oscuridad, con una sensibilidad muy alta que les permite captar la escasa luz natural disponible de noche; pero esa misma alta sensibilidad hace que, al recibir luz artificial mucho más intensa que la luz natural para la que están calibrados, los fotorreceptores del insecto se saturen o se desensibilicen fuertemente.

Esa saturación de los fotorreceptores del insecto nocturno sigue el comportamiento descrito por la cinética de Michaelis-Menten: a medida que la irradiancia de la luz recibida aumenta, la respuesta del fotorreceptor crece cada vez menos, hasta que, por encima de un umbral de irradiancia de saturación, el fotorreceptor deja de poder distinguir cualquier diferencia adicional de intensidad, sin importar cuánto siga aumentando la luz.

Más allá de esta saturación sensorial, el insecto nocturno normalmente navega con un mecanismo muy específico: mantiene una fuente de luz natural, típicamente la luna o las estrellas, en un ángulo constante dentro de su campo visual, y ajusta su vuelo para conservar ese ángulo constante mientras avanza. Este mecanismo de navegación por ángulo constante funciona bien con una fuente de luz natural, porque esa fuente está tan lejos que su ángulo apenas cambia sin importar cuánto avance el insecto.

Cuando una fuente de luz artificial cercana reemplaza a la fuente de luz natural, o se suma a ella dentro del campo visual del insecto, el mismo mecanismo que normalmente lo orienta bien empieza a fallar: como la fuente artificial está mucho más cerca que la luna o las estrellas, su ángulo respecto al insecto cambia rápidamente a medida que el insecto se mueve, y el insecto, tratando de mantener ese ángulo constante como siempre lo ha hecho, termina generando un error de orientación que lo obliga a volar en espirales cada vez más cerradas hacia la propia fuente artificial.

Más allá de atraer directamente al insecto nocturno hacia la fuente artificial, la luz artificial nocturna también reduce el contraste visual con el que el insecto percibe su entorno durante la noche, y esa pérdida de contraste le impide detectar tanto las siluetas de los depredadores que podrían atacarlo como las manchas de las flores que normalmente guían su búsqueda de alimento. Así, la misma luz artificial nocturna que primero satura los fotorreceptores del insecto y luego lo desvía de su rumbo natural termina, además, dejándolo expuesto y sin poder alimentarse correctamente.

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