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A35 Reparación y cicatrización

Tópico

El insecto tiene una capacidad limitada de reparar su propio exoesqueleto cuando este se daña entre una muda y la siguiente: apenas se produce una herida en el exoesqueleto, los hemocitos —las células inmunes que circulan por el cuerpo del insecto— acuden al lugar y sellan la brecha abierta con hemolinfa que se coagula sobre ella, como una primera respuesta de emergencia.

Una vez que la hemolinfa coagulada ha sellado la herida, los epidermocitos que se encuentran debajo de esa zona comienzan a depositar nueva cutícula sobre la brecha sellada. La rapidez con que avanza esa deposición de cutícula depende de dos factores a la vez: de la concentración de ecdisona, la misma hormona de muda que en este caso se libera de forma local en la zona de la herida, y del área de la herida que hay que cubrir —cuanto mayor es cualquiera de los dos, más rápido avanza la deposición de nueva cutícula.

El insecto no se limita a esperar que la deposición de cutícula avance por sí sola: también recurre a un cierre activo por tracción muscular, que aproxima los bordes de la herida entre sí y así reduce directamente el área que los epidermocitos todavía tienen que cubrir con nueva cutícula.

Al mismo tiempo, los componentes de la hemolinfa que el insecto necesita para reparar la herida no llegan de golpe a toda la zona lesionada, sino que se difunden hacia ella siguiendo un patrón gradual, más concentrado cerca del punto de la herida y decreciente hacia los bordes de la zona sana, tal como describe la ecuación de difusión de Fick para este tipo de frente de avance.

A pesar de todo este proceso, la cutícula de reparación que termina cubriendo la herida rara vez alcanza la calidad de la cutícula original del exoesqueleto: su tenacidad, es decir, su capacidad de resistir la propagación de una grieta, suele quedar entre un treinta y un setenta por ciento de la tenacidad original, y esa diferencia deja una cicatriz que es estructuralmente más frágil que el resto del exoesqueleto.

Qué tan bien haya funcionado toda esta reparación —la eficiencia con la que el insecto logró sellar, cubrir y reforzar la herida— determina si el insecto puede retomar sus funciones normales de vuelo y locomoción incluso con esa cicatriz más frágil, o si debe arreglárselas con una capacidad reducida hasta que llegue la próxima muda. Es recién en esa próxima muda cuando el insecto vuelve a contar con un exoesqueleto completo y renovado, sin ninguna de las cicatrices que había ido acumulando desde la última vez que mudó.

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