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E7 Viento

Tópico

El viento ejerce sobre la copa de la planta una fuerza de arrastre que crece cuanto mayor es la velocidad del viento y cuanto mayor es el área de la copa que queda expuesta al flujo de aire: esa fuerza de arrastre es la primera de varias fuerzas aerodinámicas que el viento aplica sobre la planta.

La velocidad del viento que efectivamente actúa sobre cada parte de la copa no es la misma en toda su altura, sino que sigue un perfil logarítmico de velocidades dentro del dosel: cerca del suelo, donde el propio dosel frena al viento, la velocidad del viento es más baja, y a medida que se sube en altura dentro del dosel, la velocidad del viento aumenta de forma logarítmica, de modo que las partes más altas de la copa reciben una fuerza de arrastre proporcionalmente mayor que las partes más bajas.

La fuerza de arrastre que actúa sobre cada altura de la copa, al estar aplicada lejos de la base del árbol, genera un momento de volcamiento sobre el árbol: cuanto mayor es la fuerza de arrastre y cuanto más alto en la copa se aplica esa fuerza de arrastre, mayor es el momento de volcamiento que el árbol debe resistir en su base para no volcarse.

Para reducir la fuerza de arrastre y, con ella, el momento de volcamiento que debe resistir, la copa flexible de la planta responde con una reconfiguración aerodinámica: sus ramas y hojas se pliegan y se alinean en la dirección del viento, reduciendo el área de la copa que queda expuesta al flujo de aire, lo que repone una fuerza de arrastre menor y cierra el lazo entre la reconfiguración aerodinámica de la copa flexible y el viento que la disparó.

Cuando la fuerza de arrastre y el momento de volcamiento que el viento genera superan lo que la planta puede resistir, el viento actúa como agente de daño mecánico sobre ella.

Además de ejercer fuerzas mecánicas, el viento favorece el intercambio de gases entre la hoja y la atmósfera, porque el propio movimiento del aire reduce la resistencia adicional al intercambio que impone la capa límite de aire estancado sobre la hoja: cuanto más viento hay, más delgada se vuelve esa capa límite de aire estancado, y con menos resistencia adicional al intercambio, más fácil le resulta a la hoja intercambiar dióxido de carbono, vapor de agua y calor con el aire.

El viento también actúa como vector de dispersión de polen y semillas: el mismo flujo de aire que ejerce la fuerza de arrastre sobre la copa es el que transporta el polen y las semillas de la planta lejos de ella, permitiéndole reproducirse y colonizar nuevos lugares.

Por último, el viento funciona como una señal de desarrollo para la planta: el roce mecánico repetido que el viento le aplica al tallo y a las ramas desencadena la tigmomorfogénesis, el mismo proceso por el que la planta engrosa su diámetro basal y refuerza su tejido leñoso en respuesta al viento que la sacude. De esta manera, el viento es a la vez agente de daño mecánico, favorecedor del intercambio de gases, vector de dispersión de polen y semillas, y señal de desarrollo, y es la propia fuerza de arrastre que el viento ejerce sobre la copa la que, según su intensidad y según cómo responda la planta, determina cuál de estos cuatro papeles termina predominando.

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