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D5 Análisis de Suelo y Raíz

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Las propiedades físicas y químicas del suelo determinan qué tan disponible está el agua, los nutrientes y eventuales contaminantes para la raíz en la interfaz raíz-suelo, y un conjunto de herramientas permite caracterizar por separado cada una de estas propiedades físicas y químicas del suelo.

La primera propiedad física que se caracteriza es la textura del suelo, es decir la proporción de partículas de distintos tamaños que componen el suelo, y la textura del suelo es la que determina, en gran medida, cómo se comportan las demás propiedades físicas del suelo relacionadas con el agua.

A partir de la textura del suelo se construye la curva de retención de agua, que muestra cuánta agua queda retenida en el suelo a cada nivel de potencial hídrico del suelo: un suelo con una textura más fina retiene más agua a un mismo potencial hídrico del suelo que un suelo con una textura más gruesa, de modo que la curva de retención de agua de cada suelo depende directamente de su textura.

Junto con la curva de retención de agua, la textura del suelo también determina la conductividad hidráulica saturada, que cuantifica qué tan rápido se mueve el agua a través del suelo cuando el suelo está completamente saturado: un suelo con una textura más gruesa deja pasar el agua con una conductividad hidráulica saturada más alta que un suelo con una textura más fina, que retiene el agua con más fuerza y la deja pasar más lentamente.

Junto a las propiedades físicas del suelo, el análisis químico de la solución del suelo caracteriza las propiedades químicas del suelo: cuánta concentración de cada nutriente hay disuelta en la solución del suelo, disponible para que la raíz la absorba en la interfaz raíz-suelo, y cuánta concentración de contaminantes del suelo hay disuelta en esa misma solución del suelo, lo que permite cuantificar la contaminación del suelo con la misma herramienta con la que se cuantifica la disponibilidad de nutrientes.

Además de las propiedades del suelo mismo, la interfaz raíz-suelo se caracteriza observando directamente a las raíces finas que la ocupan, mediante técnicas de observación de raíces in situ: los minirizotrones son tubos transparentes instalados en el suelo que permiten fotografiar a las raíces finas en el mismo lugar donde crecen, y un sensor láser de suelo, conocido como LiDAR de suelo, escanea el volumen de suelo para reconstruir la disposición de las raíces finas sin necesidad de excavar. Repitiendo estas observaciones en el tiempo, ambas técnicas permiten monitorear la dinámica de las raíces finas en el tiempo: cuánto crecen, cuánto mueren y cuánto se renuevan.

En conjunto, la textura del suelo, la curva de retención de agua, la conductividad hidráulica saturada, el análisis químico de la solución del suelo y las técnicas de observación de raíces in situ permiten diagnosticar, a partir de las propiedades físicas y químicas del suelo, la disponibilidad de agua y nutrientes que la raíz encuentra en la interfaz raíz-suelo, cuantificar la contaminación del suelo, y monitorear la dinámica de las raíces finas en el tiempo.

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