A7 Perturbación de Tropismos
Tópico
En condiciones normales, los tropismos y los movimientos de la planta dependen de una cadena de dos etapas: primero, la planta detecta una señal física que la orienta —la luz, la gravedad o el contacto mecánico—, y después, un mecanismo de respuesta traduce esa señal detectada en una reorientación efectiva de su crecimiento o de su posición: el transporte polar de auxina mueve la hormona auxina hacia el lado de la planta que debe crecer más, y así se generan los tropismos, mientras que el turgor del pulvinus cambia la presión interna del pulvinus para plegar o desplegar hojas y peciolos, y así se generan los movimientos. Los tropismos y los movimientos de la planta se perturban cuando falla cualquiera de estas dos etapas: cuando la señal física que los orienta es anómala, o cuando el mecanismo de respuesta que la traduce en crecimiento o movimiento es disfuncional.
Cuando la señal física que orienta a los tropismos y los movimientos es la que llega anómala, el origen del problema está en la detección de esa señal: una mutación en los fotorreceptores —las fototropinas o los fitocromos— impide que la planta detecte correctamente la señal de luz, y la microgravedad elimina o distorsiona la señal de gravedad que la planta normalmente usa para orientar su crecimiento. En ambos casos la señal física que debería orientar a los tropismos llega alterada o no llega, y el mecanismo de respuesta que depende de ella queda sin una señal correcta que traducir en una reorientación del crecimiento.
Cuando, en cambio, es el mecanismo de respuesta el que resulta disfuncional, el problema ocurre aunque la señal física se detecte correctamente: los desequilibrios hormonales —un exceso de etileno o una deficiencia de auxina— alteran directamente el transporte polar de auxina, y una mutación en las proteínas PIN, que son las que transportan la auxina de una célula a otra dentro de la planta, produce el mismo efecto sobre el transporte polar de auxina aunque la señal física esté intacta. De manera análoga, un daño mecánico al pulvinus altera directamente el turgor del pulvinus, de modo que aunque la planta detecte correctamente la señal de contacto mecánico, el pulvinus ya no puede traducir esa señal en el cambio de presión interna que normalmente produce el movimiento.
En definitiva, los tropismos y los movimientos de la planta terminan perturbados por dos vías distintas pero con el mismo resultado final: cuando la señal física de luz, gravedad o contacto mecánico llega anómala, el mecanismo de respuesta no tiene qué traducir, y cuando el transporte polar de auxina o el turgor del pulvinus quedan disfuncionales, el mecanismo de respuesta no logra traducir ni siquiera una señal física correcta. En ambos casos la planta pierde la capacidad de reorientar su crecimiento mediante los tropismos o de reposicionar sus hojas y peciolos mediante los movimientos.
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