A4 Efectos Contaminantes
Tópico
La contaminación química perturba tres equilibrios distintos de la planta a la vez: el equilibrio de la interfaz suelo, el equilibrio del intercambio químico entre la planta y su entorno, y el equilibrio de la interfaz hoja-atmósfera. Sea que la contaminación química entre por el suelo o por el aire, el contaminante recorre un flujo del contaminante hasta alcanzar un sitio de daño dentro del tejido de la planta, y es precisamente ese flujo del contaminante el que, más adelante, las respuestas de detoxificación de la planta deben lograr interrumpir antes de que el contaminante llegue a su sitio de daño.
Cuando la contaminación química entra por el suelo, lo hace en forma de contaminantes del suelo como metales pesados, sales que elevan la salinidad o herbicidas, y estos contaminantes del suelo alteran el equilibrio de la interfaz suelo y el equilibrio del intercambio químico entre la raíz y el suelo: cuanto mayor es la concentración de contaminantes del suelo, más se altera la absorción de agua y nutrientes que la raíz realiza a través de la interfaz suelo, y ese deterioro de la absorción de agua y nutrientes es, en esta rama, el sitio de daño al que llega el flujo del contaminante.
Cuando, en cambio, la contaminación química entra por el aire, lo hace en forma de contaminantes aéreos como el ozono, el dióxido de azufre, los óxidos de nitrógeno o las partículas finas, y estos contaminantes aéreos atraviesan el equilibrio de la interfaz hoja-atmósfera entrando por los estomas, que son la vía de paso que la interfaz hoja-atmósfera abre hacia el interior de la hoja. Una vez dentro de la hoja, los contaminantes aéreos llegan directamente a los cloroplastos y a las membranas del tejido foliar, y allí producen un daño oxidativo directo: ese daño oxidativo directo en los cloroplastos y las membranas es, en esta rama aérea, el sitio de daño al que llega el flujo del contaminante.
Frente a cualquiera de los dos sitios de daño —la absorción de agua y nutrientes deteriorada por los contaminantes del suelo, o los cloroplastos y las membranas dañados por los contaminantes aéreos—, la planta activa respuestas de detoxificación que actúan sobre el flujo del contaminante antes de que este alcance su sitio de daño: la planta puede secuestrar al contaminante en compartimentos donde deja de ejercer daño, transformarlo químicamente en una forma menos tóxica, o directamente excluirlo, ya sea impidiendo que atraviese la interfaz suelo o cerrando el paso que le ofrecen los estomas de la interfaz hoja-atmósfera.
En definitiva, el resultado de la contaminación química sobre la planta depende de si las respuestas de detoxificación logran interrumpir a tiempo el flujo del contaminante: si lo logran, el equilibrio de la interfaz suelo, el equilibrio del intercambio químico y el equilibrio de la interfaz hoja-atmósfera se mantienen o se recuperan, y el sitio de daño nunca llega a formarse; si no lo logran, el flujo del contaminante alcanza su sitio de daño y la contaminación química termina expresándose como una absorción de agua y nutrientes deteriorada, como un daño oxidativo directo en los cloroplastos y las membranas, o como ambas cosas a la vez.
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