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A23 Sobrecarga Repetitiva

Tópico

Este tejido de este deportista sufre, en general, una sobrecarga repetitiva precisamente cuando la propia carga acumulada sobre ese tejido a lo largo de un período determinado supera, en consecuencia, a su propia capacidad de reparación y de adaptación. Esta misma sobrecarga repetitiva se distingue, en consecuencia, de una lesión aguda como esa misma fractura aguda que ya establece otro modelo de este conjunto, precisamente porque esta sobrecarga repetitiva no resulta de que una carga supere a esa capacidad dentro de un único evento aislado, sino que resulta, en cambio, de la propia acumulación progresiva de un daño microscópico sobre ese mismo tejido a lo largo de muchos eventos sucesivos.

El modelo de carga y capacidad de Dye describe, en cambio, al propio equilibrio entre esta carga aplicada sobre este tejido y la tolerancia final de ese mismo tejido frente a ella: mientras esta carga acumulada permanece, en consecuencia, dentro de una zona de homeostasis de ese tejido, ese mismo tejido logra repararse y adaptarse sin sufrir ningún daño neto, pero en cuanto esta misma carga acumulada excede a esa zona de homeostasis, este tejido entra, en consecuencia, dentro de una zona de sobrecarga que conduce finalmente a la lesión de ese mismo tejido. Que esta carga acumulada sobre este tejido exceda con más fuerza a esta zona de homeostasis hace que, en consecuencia, esta lesión final de ese mismo tejido, en consecuencia, resulte todavía más probable.

La propia carga interna que soporta la pierna de un corredor puede estimarse, en cambio, como el producto entre la fuerza de impacto de cada paso de ese corredor y la propia cantidad total de pasos que ese mismo corredor acumula a lo largo de un entrenamiento típico, una cantidad de pasos considerablemente alta incluso dentro de un entrenamiento habitual de ese corredor. Que este corredor acumule una cantidad todavía mayor de estos pasos dentro de este mismo entrenamiento hace que, en consecuencia, esta carga interna final que soporta esa misma pierna de ese corredor, en consecuencia, resulte todavía mayor.

Esta misma acumulación progresiva de daño microscópico sobre este tejido de este corredor sigue, en cambio, exactamente a la misma curva de fatiga de Wöhler que ya establece otro modelo de este conjunto sobre una fractura por estrés de un hueso, ahora aplicada de manera más general a cualquier tejido biológico de este mismo organismo: esta misma curva define, en consecuencia, a la propia relación entre la amplitud de la tensión cíclica que soporta este tejido y la cantidad final de ciclos de carga que ese mismo tejido puede tolerar antes de llegar hasta su propia falla. Que esta amplitud de esta tensión cíclica sobre este tejido sea todavía mayor hace que, en consecuencia, esta cantidad final de ciclos de carga que ese mismo tejido puede tolerar antes de fallar, en consecuencia, se reduzca todavía más, exactamente según ya establece esta misma curva de fatiga de Wöhler.

Por eso este modelo, con esta carga acumulada y esta capacidad de reparación con las que se abrió, hace que un incremento excesivo de la propia carga de entrenamiento de este deportista de una semana a la siguiente constituya, en consecuencia, el propio factor de riesgo más documentado de todos para esta misma sobrecarga repetitiva: este mismo incremento excesivo empuja, en consecuencia, a esta carga acumulada sobre el tejido de este deportista fuera de esa misma zona de homeostasis que ya establece este mismo modelo, hacia esa misma zona de sobrecarga que conduce finalmente a la lesión de ese tejido, antes de que la propia capacidad de reparación y de adaptación de ese tejido logre ajustarse a esta nueva carga más alta. Que este incremento de esta carga de entrenamiento de una semana a la siguiente sea todavía más pronunciado hace que, en consecuencia, este riesgo final de esta sobrecarga repetitiva sobre este mismo deportista, en consecuencia, resulte todavía mayor.

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