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A13 Falla Estructural Ósea

Tópico

Este sistema musculoesquelético sufre, en general, una falla estructural cada vez que una fractura ósea, ya sea aguda o por estrés repetido, una lesión del propio cartílago articular o un daño estructural sobre el propio tejido conectivo de sostén compromete en consecuencia a la integridad mecánica final de ese mismo sistema. Cada una de estas tres formas de falla estructural involucra, en consecuencia, a un tejido de sostén distinto de este mismo organismo, pero comparte en consecuencia el mismo principio subyacente de que una carga mecánica aplicada termina, en algún momento, superando a la propia resistencia final de ese tejido particular.

Una fractura por estrés ocurre, en cambio, precisamente cuando una carga cíclica repetida supera, en consecuencia, a la propia capacidad de remodelado de este hueso: el propio daño microscópico de ese hueso se acumula, en consecuencia, con más rapidez de la que ese mismo hueso logra repararlo, llevando finalmente en consecuencia a una fractura macroscópica completa de ese hueso. Este mismo proceso sigue, en consecuencia, al mismo modelo de fatiga de Wöhler que ya describe a la fatiga de cualquier material sometido a una carga cíclica repetida: cuanto menor resulta la amplitud de esta tensión cíclica sobre ese hueso, mayor resulta en consecuencia la cantidad de ciclos de carga que ese mismo hueso puede tolerar antes de llegar hasta esta fractura por estrés. Que esta amplitud de esta tensión cíclica sobre este hueso sea todavía mayor hace que, en consecuencia, esta cantidad de ciclos de carga que este mismo hueso puede tolerar antes de fracturarse, en consecuencia, se reduzca todavía más.

El cartílago articular carece, en cambio, de una propia vascularización, y por eso mismo dispone, en consecuencia, de una capacidad de reparación muy limitada, todavía más limitada en consecuencia que la misma capacidad de reparación restringida que ya establece otro modelo de este conjunto sobre un tendón crónicamente degenerado. La degradación final de este mismo cartílago articular sigue, en consecuencia, a la misma ecuación de Archard que ya describe al propio desgaste de cualquier superficie sometida a un contacto deslizante repetido. Que esta articulación de este cartílago soporte un contacto deslizante todavía más repetido a lo largo del tiempo hace que, en consecuencia, esta degradación final de ese mismo cartílago articular, según esta misma ecuación de Archard, en consecuencia, avance todavía más, sin que esta escasa vascularización de ese cartílago logre compensarla.

Una fractura aguda de este mismo hueso ocurre, en cambio, precisamente cuando una tensión instantánea sobre ese hueso supera, en consecuencia, a la propia resistencia última de ese mismo hueso bajo una compresión dada. El propio riesgo final de esta fractura aguda se evalúa, en consecuencia, mediante un factor de seguridad que compara a esta misma resistencia última del hueso frente a esta tensión aplicada sobre él, muy similar en espíritu al mismo cociente entre la fuerza producida y la fuerza esperada que ya establece otro modelo de este conjunto para cuantificar a una pérdida de fuerza muscular. Que esta tensión aplicada sobre este hueso se acerque todavía más a esta resistencia última de ese mismo hueso hace que, en consecuencia, este factor de seguridad final de ese hueso, en consecuencia, se reduzca todavía más, acercando en consecuencia a ese mismo hueso hacia esta fractura aguda.

Por eso este modelo, con estas tres formas de falla estructural con las que se abrió, hace que una fractura por avulsión de este mismo hueso ocurra, en consecuencia, precisamente cuando la propia fuerza tendinosa que ya establece otro modelo de este conjunto sobre este mismo tendón supera, en consecuencia, a la propia resistencia de la inserción ósea de ese tendón sobre este hueso: este mismo hueso termina, en consecuencia, arrancado por ese tendón precisamente en ese punto de inserción, y no ya a lo largo de su propio cuerpo diafisario, cerrando en consecuencia el círculo entre esta falla elástica de ese tendón con la que se abrió otro modelo distinto de este conjunto y esta falla estructural final de este mismo hueso. Que esta fuerza tendinosa transmitida sobre esta inserción ósea sea todavía mayor hace que, en consecuencia, este riesgo final de esta fractura por avulsión de este mismo hueso, en consecuencia, resulte todavía mayor.

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